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Edad Antigua

La Edad Antigua es la 茅poca hist贸rica que coincide con el surgimiento y desarrollo de las primeras civilizaciones o civilizaciones antiguas.
El concepto m谩s tradicional de historia antigua presta atenci贸n al descubrimiento de la escritura, que convencionalmente la historiograf铆a ha considerado el hito que permite marcar el final de la Prehistoria y el comienzo de la Historia, dada la primac铆a que otorga a las fuentes escritas frente a la cultura material, que estudia con su propio m茅todo la arqueolog铆a. Otras orientaciones procuran atender al sistema social o el nivel t茅cnico. Recientemente, los estudios de gen茅tica de poblaciones basados en distintas t茅cnicas de an谩lisis comparativo de ADN y los estudios de antropolog铆a ling眉铆stica est谩n llegando a reconstruir de un modo cada vez m谩s preciso las migraciones antiguas y su herencia en las poblaciones actuales.

Prehistoria

Per铆odo de la vida de la humanidad que abarca desde los or铆genes del hombre hasta la aparici贸n de los primeros testimonios escritos; tambi茅n, rama de la historia que estudia dicho per铆odo. La Prehistoria se considera generalmente dividida en tres grandes etapas: Paleol铆tico, Neol铆tico y Edad de los Metales. El Paleol铆tico se divide en Superior, Medio e Inferior. La Edad de los Metales comprende a su vez tres per铆odos. En el Calcol铆tico o Edad del Cobre, la cultura es esencialmente neol铆tica, pero comienza la metalurgia del cobre. La Edad del Bronce se distingue por la metalurgia de este metal y el nacimiento del comercio. Se prolong贸 en Europa occidental desde el 2000 hasta el 1000 a.C. La Edad del Hierro, con la que se inicia en Europa la edad hist贸rica, surgi贸 con la metalurgia del hierro, en Asia Menor en torno al s. XIV a.C. y en Europa oriental hacia el s. XI a.C.

Cultura Precolombina

Un desarrollo aislado

Los ind铆genas americanos evolucionaron de modo particular con respecto a las culturas del resto del mundo, pues si bien es cierto que la mayor铆a de ellas trabaj贸 por separado para conseguir su progreso, tambi茅n lo es que los grupos n贸madas que se desplazaban incesantemente entre unas y otras representaban en alguna forma un medio de comunicaci贸n.
Probablemente tres mil a帽os antes del nacimiento de Cristo empiezan a originarse las primeras culturas americanas, especialmente en los territorios actuales de Per煤, Guatemala, Colombia, M茅xico y Bolivia. Estos grupos alcanzaron a trav茅s del tiempo la misma grandeza de las civilizaciones del llamado Viejo Mundo; los aztecas, los incas, los mayas y los muiscas reunieron en torno sus inmensos territorios, organizados bajo complejas estructuras de poder centralizado que hubieran sido envidiadas por varios de los pueblos asi谩ticos, europeos y africanos.
Por mucho tiempo se ha tratado en menospreciar el trabajo de las culturas indoamericanas, aduciendo la ausencia de algunos cultivos imprescindibles en el resto del mundo, o el no empleo de la rueda y de los animales de tracci贸n; sin embargo, es importante reconocer que las metas que cada cultura persigue est谩n muy lejos de las de sus similares, y por esta raz贸n los americanos emplearon t茅cnicas diferentes para suplir la carencia de las que no conoc铆an, con resultados que satisficieran sus necesidades.
Dos n煤cleos ind铆genas especialmente importantes se fraguaron en Am茅rica, el meso-americano, en el que se ubican los mayas y los aztecas, y el del altiplano andino, donde se establecieron los muiscas y los incas. Aunque otras culturas florecieron en diferentes lugares del continente, la mayor铆a de ellas fue absorbida por los mencionados imperios, y una gran parte de las que permanecieron separadas pereci贸 a la llegada de los europeos.


La cultura azteca

Los aztecas eran un pueblo belicoso y conquistador. Su aparici贸n en el territorio mexicano es tard铆a, ya que antes de su nacimiento como poder, en el siglo XI, la zona en la que se establecieron estuvo habitada por los toltecas, cuyas ciudades en ruinas eran saqueadas por las tribus chichimecas en el momento en el que llegaron los aztecas. Luego de ganar muchas batallas y de sobreponerse a una 茅poca de esclavitud en Culhuac谩n, la regi贸n de Mesoam茅rica fue totalmente suya, exceptuando los reinos de Tlaxcala y Michoac谩n.
Su organizaci贸n social es de t铆pico car谩cter piramidal, en la cabeza de la cual se encuentran los militares, seguidos de los sacerdotes, los comerciantes y el pueblo integrado en clanes. En la mayor铆a de las ciudades conquistadas predominaba el gobierno democr谩tico, comandado por un consejo en el que estaban representados todos los clanes. Asimismo, casi todas estos pueblos se manifestaron culturalmente en formas muy similares, e incluso terminaron por hablar un mismo dialecto, el n谩huatl.
La ciudad de Tenochtitl谩n es tal vez la que mayor evoluci贸n encontr贸 en la arquitectura, cuyas construcciones est谩n edificadas con fines estrictamente funcionales; y en ellas la ingenier铆a juega un importante papel, al ser la base fundamental de las carreteras, los puentes, los acueductos y las presas que all铆 se fabricaron. En cuanto a la religi贸n, es una pieza fundamental en la belicosidad de los aztecas, ya que los guerreros, a su muerte, gozaban del privilegio de ir a morar en la casa del Sol. De esa manera, la lucha no s贸lo significaba el hecho de adquirir nuevas tierras sino que adem谩s era parte del culto a los dioses; como ejemplo se puede citar la bandeja que sosten铆a Chac-Mood, en la que se depositaban los corazones de los enemigos. El dios de la creaci贸n de los aztecas es Ipallnemoani; no obstante, la deidad principal es la serpiente emplumada, Quetzalc贸atl, que ense帽a las artes de la agricultura, el gobierno y la metalurgia. Es importante rese帽ar tambi茅n el hecho de que esta cultura prefer铆a incinerar los cuerpos en vez de enterrarlos —salvo los de los caudillos y nobles—, con lo que se muestra alg煤n conocimiento de la dualidad entre materia y alma.


La civilizaci贸n maya

Esta cultura se desenvuelve en Guatemala, en la cordillera de Am茅rica Central, en la pen铆nsula de Yucat谩n (de donde se puede suponer un contacto con los olmecas, constructores de grandes y perfeccionadas esculturas) y en los actuales estados mexicanos de Chiapas, Campeche y Tabasco, as铆 como en Honduras. En la historia de los mayas se distinguen dos per铆odos principales, el antiguo, iniciado a comienzos del siglo IV, que parece haber concluido a causa de algunas cat谩strofes naturales y del acoso de los vecinos del norte, los toltecas; y el cl谩sico, en el que se construyeron grandes ciudades y ostentosos momumentos religiosos.
Los impuestos mayas eran pagados a partir del trabajo; la participaci贸n en la edificaci贸n de templos, caminos, etc., se consideraba el mejor tributo en bien de la comunidad. Adem谩s, estas labores se realizaban con agrado, pues con ellas se obten铆an los favores de los dioses. Su cosmovisi贸n se centra en los trece cielos y los nueve infiernos; seg煤n ellos, la Tierra reposa sobre un cocodrilo. Sus m谩s importantes deidades son Itzamna y Yum Kaaz, se帽ores de la sabidur铆a y el ma铆z, respectivamente. El organigrama social de los mayas era jer谩rquico. En su orden estaban los sacerdotes y los arist贸cratas, los hombres libres y los esclavos. El matrimonio se realizaba a los 18 a帽os en el caso de los hombres, y a los 14 en el de las mujeres; la relaci贸n se concertaba entre los padres de la pareja, y el d铆a de la boda los regalos eran abundantes.
Los productos com煤nmente cultivados fueron ma铆z, fr铆jol, aj铆, papa, algod贸n y calabaza. La agricultura y el comercio, en especial de tejidos en algod贸n, fueron el pilar de su econom铆a, por lo que los mayas no temieron lanzarse al mar Caribe para conocer nuevo pueblos con los cuales comerciar, llegando as铆 a Cuba, Panam谩 y Jamaica. Para guiarse, empleaban su sabidur铆a en el reconocimiento de las estrellas, la misma que se manifiesta tambi茅n en su calendario, destinado no s贸lo a medir el tiempo sino igualmente a establecer las fechas de las celebraciones religiosas y el destino de los hombres. Algunos investigadores han considerado a la arquitectura maya como la m谩s importante de toda la Antig眉edad, debido a sus ba帽os de vapor, puentes de b贸veda, pir谩mides, patios de juego, palacios y templos; la escultura form贸 parte de las edificaciones a manera de adorno pero siempre buscando la solidez de las estructuras. En el caso de la escritura, la maya es la m谩s desarrollada de toda la Am茅rica prehisp谩nica, a tal punto que sus caracteres ideogr谩ficos se emplearon para narrar historias completas con base en ilustraciones.


El imperio inca

En el momento cumbre del poder铆o inca, en el imperio de Tahuantinsuyu, su territorio abarcaba dos millones de kil贸metros cuadrados, desde el Ecuador hasta la parte norte de Argentina y Chile. En un principio, los incas estuvieron agrupados en peque帽as ciudades-Estado, tres siglos antes de la conquista espa帽ola; luego, a finales del siglo XIV, el abanderamiento de algunas tribus dio comienzo al imperio, pero cuando 茅ste se empezaba a constituir de manera definitiva, en los albores del siglo XVI, fue destrozado por las armas ib茅ricas.
Las actividades mercantiles fueron fundamentales en la cultura inca pero siempre descansaban en la agricultura, ampliamente desarrollada a trav茅s de sistemas de irrigaci贸n patrocinados por el Estado, que confiaba a un grupo de especialistas —entre ingenieros, ge贸grafos y profesores— el control de la producci贸n agr铆cola del imperio. Adem谩s, a los art铆culos de manufactura nacional agregaban algunos importados, creando as铆 un comercio de intercambio que beneficiaba notablemente a la econom铆a. Igualmente, la gran variedad de tejidos elaborados en lana virgen y en plumas fue bien empleada por los incas en sus trueques con otros pueblos, sacando de ello incontables beneficios. A partir de materias primas naturales se consegu铆an cerca de 200 tintes de diferentes colores, que al implementarse en las confecciones eran ennoblecidos con el uso de hilos de oro y plata.
En la cima de la administraci贸n estaba el Inca, o emperador, que personificaba a los dioses, asesorado por un buen n煤mero de ministros. Luego de efectuar sus conquistas, el Inca se hac铆a querer de los pueblos dominados, logrando que le permitan permanecer en el poder sin el uso de las armas y conservando su calidad de monarca absoluto. La organizaci贸n judicial logr贸 grandes niveles de efectividad; las comunidades estaban regidas por tribunales regulares y superiores, que a su vez eran supervisados por inspectores morales. Entre los delitos castigados con la pena de muerte se encontraban el robo, el adulterio, la blasfemia y el homicidio.
La religi贸n representa un elemento importante dentro de los asuntos del gobierno, ya que 茅ste posee particularidades teocr谩ticas. Su creador del universo es Viracocha, y el Sol, organizador del imperio, es el m谩s alabado de los dioses porque de 茅l depende la vida. Cre铆an en la resurrecci贸n del cuerpo y la inmortalidad, por lo que sus muertos eran enterrados con v铆veres y joyas.
La ciudad de Cusco es la m谩s destacada representaci贸n de la arquitectura inca, en la cual se destacan los palacios, templos y silos en piedra. La manera como recopilaban los sucesos de sus historias eran los quipos, consistentes en series de cuerdas anudadas de diferentes colores, que —de acuerdo con 茅stos y la separaci贸n entre las ataduras— representaban la narraci贸n de los sucesos y serv铆an como ayuda de c谩lculo, con unidades decimales que iban de diez a mil.


Los muiscas

Estos abor铆genes estuvieron establecidos en la regi贸n que hoy ocupa Colombia, m谩s exactamente en los actuales departamentos de Boyac谩, Santander del Sur y Cundinamarca, en la Cordillera Oriental. El idioma con el que se comunicaban era el chibcha, ampliamente utilizado por diferentes tribus desde el Ecuador hasta Nicaragua. Como fue com煤n en la 茅poca precolombina, los muiscas sosten铆an su econom铆a con la agricultura y el comercio. En el caso de los cultivos, 茅stos se realizaban en terrazas construidas en las partes inclinadas de las monta帽as, contando para ello con adecuados sistemas de regad铆o.
La miner铆a de esmeraldas y carb贸n, pero sobre todo la de sal, pasaron a ser un importante instrumento en el predominio de los muiscas, ya que a trav茅s de su trueque ellos manten铆an la supremac铆a sobre regiones en las que no se daban tales productos. Adem谩s, la cester铆a y la cer谩mica —empleadas casi exclusivamente en labores dom茅sticas— adem谩s de los textiles —utilizados como obsequios y tributos—, aparte de su servicio normal en el vestuario contribuyeron a consolidar los contactos mercantiles de este pueblo. Los muiscas emplearon una moneda consistente en tejuelos de oro que perdur贸 en la Colonia. La organizaci贸n social estaba bien constituida mientras que las minas pertenec铆an al Estado, la tierra era de propiedad del pueblo; los tributos eran pagados puntualmente, ya que de ello depend铆a el avance de los trabajos emprendidos por el gobierno, as铆 como la remuneraci贸n de los funcionarios p煤blicos y de la nobleza.
La cosmovisi贸n muisca tiene a Chiminigagua como dios creador, al lado de Bochica, quien, seg煤n la leyenda, cre贸 una cascada conocida como el salto del Tequendama al golpear las rocas con una vara. De su arte han quedado varias muestras, sobre todo pictograf铆as, monolitos f谩licos y grupos de estatuas, como el de la laguna de F煤quene. Es de apreciar especialmente la calidad que alcanzaron en orfebrer铆a, logrando fabricar joyas de incomparable belleza, las mismas que sorprendieron a los conquistadores espa帽oles a su arribo a tierras muiscas y que los hicieron vagar durante a帽os en busca del codiciado tesoro de que hablaba la leyenda del Dorado.


Las otras culturas

Antes que las culturas mencionadas alcanzaran el esplendor que las caracteriz贸, existieron en Am茅rica otros grupos humanos que alcanzaron gran desarrollo pero que perecieron ante el influjo del tiempo y de las nuevas civilizaciones. En M茅xico, por ejemplo, todo indica que la ciudad de Teotihuac谩n, a 40 kil贸metros de M茅xico D.F., se empez贸 a construir en el siglo I a.C., demostrando desde entonces la existencia de un orden social en el que ya exist铆an centros religiosos, como el de Cuicuilco. Pese a ello, los pobladores de Teotihuac谩n, que hab铆an extendido su cultura hasta Guatemala, se vieron debilitados por la arremetida de los toltecas, provenientes al parecer de la ciudad de Tula, probablemente entre los siglos II y XI de nuestra era. En Sur Am茅rica, culturas como la de Chimu, en el norte de Per煤, y la de Nazca, entre Chile y Lima, dejaron grandes legados que son muestra de su avance, iniciado muchos siglos antes de nuestra era. Por otro lado, templos como el de la civilizaci贸n Chav铆n —que existi贸 entre el siglo VII a.C. y el I d.C.— y la ciudad de Tiahuanaco, al orillas de lago Titicaca, en Bolivia, desatan serias disputas entre los investigadores, que no logran ponerse de acuerdo sobre cu谩l de los dos centros influy贸 m谩s en los incas, atribuy茅ndoles incluso el hecho de ser capitales del imperio.

La India

La procedencia

Desde el tercer milenio antes de Cristo, los fundadores de la civilizaci贸n hind煤 empezaron a evolucionar socialmente en el entorno que hab铆an escogido como propio. Esos hombres eran los dr谩vidas, pertenecientes a una raza de caracter铆sticas blancas pero con piel oscura. Sus ciudades estaban magistralmente construidas, y en ellas se empleaban las m谩s ordenadas formas urban铆sticas, de manera que sus casas, fabricadas en ladrillo, conformaban peque帽os cuadrados que a su vez hac铆an parte de una inmensa cuadr铆cula.
Hacia el a帽o 1990 antes de Cristo, las tribus arias provenientes de Rusia comenzaron a introducirse en los territorios de los pobladores del valle del Indo, a trav茅s de Ir谩n. El idioma de los invasores era el s谩nscrito; poco a poco sus aficiones por la naturaleza, expresada en canciones dedicadas al Esp铆ritu del Bosque y a la Doncella del Alba, se fueron mezclando con los viejos y altisonantes ritmos dr谩vidas, al tiempo que sus creadores hac铆an lo mismo fundiendo las dos razas en una sola.
Tal vez el fruto m谩s importante de la uni贸n de los arios y la gente del Indo fue la introducci贸n de las denominadas castas, que hasta hoy rigen casi en forma inalterada el orden social de los hind煤es. Seg煤n la tradici贸n, las cuatro primeras castas nacieron de Brahma, el esp铆ritu del mundo, como una forma de diferenciaci贸n entre los hombres. Los brahmanes o sacerdotes ven铆an de la boca de Brahma; los kshatriyas o guerreros, de los brazos; los vaisyas o comerciantes y los agricultores, de los muslos; y de los pies proven铆an los sudras o siervos. Las tres castas superiores correspondieron a los invasores, y la de los sudras a los dominados; exist铆an tambi茅n los c茅lebres intocables o chandalas, considerados como inferiores a los animales.
El brahmanismo se constituy贸 en la forma de vida de los hind煤es, permitiendo que con el tiempo adquiriera un poder superior al del gobierno. Surgieron subcastas y para ellas se dise帽贸 una serie de reglas llamadas dharma, las cuales deb铆an ser observadas al pie de la letra, so pena de convertirse en “intocable”.


El pensamiento religioso

Dos creencias principales surgieron para tratar de contrarrestar el poder铆o del brahmanismo el jainismo y el budismo. El primero tuvo como fundador a Nataputta, quien vivi贸 entre el 546 y el 478 a.C. Esta doctrina fundamenta su religiosidad en la manifestaci贸n de amor a todos los seres y las cosas. Entre las particularidades m谩s notables del jainismo, se puede mencionar la adhesi贸n de los militares a sus cultos, y el hecho de que una de sus dos sectas principales, la de los digambaras, ha abandonado el uso del vestido.
Mientras tanto, el budismo —que ha alcanzado gran renombre debido a la introducci贸n de sus dogmas en regiones diferentes a la hind煤— se inicia con el nacimiento de Siddharta Gotama o Gautama en el 570 a.C. en el seno de una familia de pr铆ncipes de Kapilavastu, en Nepal. Siddharta goz贸 desde muy joven de su riqueza, y cuando era muy peque帽o un anciano alert贸 al rey sobre el futuro m铆stico del pr铆ncipe, por lo cual decidi贸 encerrarlo en un palacio para alejarlo de las calamidades de la vida. No obstante, vali茅ndose de uno de sus criados, el muchacho abandon贸 su prisi贸n y observ贸 tres espect谩culos que cambiaron el rumbo de su existencia un viejo inv谩lido, luego uno inv谩lido atacado por una penosa enfermedad y, por 煤ltimo, un hombre muerto.
Entendiendo que el paso por la Tierra no es tan hermoso como 茅l lo hab铆a supuesto, Siddharta dej贸 su reino y se convirti贸 en asceta. Con el paso del tiempo, y gracias a la meditaci贸n, las viejas concepciones acerca de la pureza cambiaron en la mente del pr铆ncipe, cuando descubri贸 que el esp铆ritu del hombre tendr铆a mejor desarrollo en un cuerpo sano que en uno entorpecido por el ayuno. En ese momento pas贸 a ser Buda, el Iluminado.
Buda entendi贸 que los extremos eran la peor forma para obtener la pureza del alma, y por esa raz贸n opt贸 por el “camino medio”, que conduce al Nirvana y a la iluminaci贸n, en la que la presencia del yo se diluye en la divinidad. Ese camino debe ser recorrido con las “Cuatro Verdades”, de las cuales la m谩s importante es la de las “Ocho Sendas”, que consiste en la rectitud en el obrar, el decidir, el hablar, el pensar, el vivir, el esforzarse, el atender y el concentrarse.


El gobierno

En el siglo VI a.C., la dinast铆a aria de los Sisunaga avanza desde su asentamiento central a una zona ubicada en la parte media del Ganges; los Magadha trasladan la capital de su reino a Pataliputra —Patna—; y los Persas conquistan las colonias occidentales de la India, que 200 a帽os m谩s tarde pasar铆an a manos de Alejandro Magno, a cuya muerte surge el poder de Chandragupta Mauyra, fundador de la dinast铆a Mauyra, primera organizadora del imperio hind煤.
El tercer monarca de esa casa, Asoka Priyadarsin, elev贸 la dinast铆a a su m谩xima expresi贸n, dominando toda la India y una parte de la meseta iran铆; adem谩s, convertido al budismo, celebr贸 el concilio de Papaliputra y fund贸 la iglesia budista de Ceil谩n, punto central de la extensi贸n de su religi贸n a Birmania e Indochina. En el siglo I de nuestra era, los kuchanos gobiernan la India pero s贸lo en el 320, con la llegada de los Guptas, el imperio renace, acrecentado sus territorios y evolucionando socialmente.
En el siglo V, los saqueadores hunos eftalitas dieron buena cuenta de los tesoros del pa铆s. En el 712 llegaron al poder verdaderos pr铆ncipes con ancestro hind煤, pero la confusi贸n reinante, debida a las continuas invasiones, no permiti贸 el desarrollo de sus mandatos.

Los Orientales

Los misterios de la China

Un pa铆s de leyendas


Seg煤n se cuenta, el origen de la civilizaci贸n china se remonta al momento en el que p’an ku —el primer hombre— inici贸 el trabajo de organizaci贸n del universo que le llev贸 18 mil a帽os. A su muerte, su cabeza se habr铆a convertido en una enorme monta帽a, su respiraci贸n en viento y nubes, sus l谩grimas en r铆os, su voz en trueno y los piojos que la habitaban en seres humanos. Luego de p’an ku gobernaron los reyes del Cielo, de la Tierra y del Hombre, cada uno de ellos por un espacio igual al de la conformaci贸n del universo.
En adelante, los relatos chinos hablan de los “Diez Per铆odos de Progreso”, en los que el hombre habr铆a descubierto la mayor parte de las t茅cnicas necesarias para su establecimiento en comunidad. Despu茅s surge el primer emperador, Hoan-ti, que con sus cuatro sucesores —Fu-Hi, Shon-Nung, Yan y Yu— conforma la 茅poca de los cinco soberanos antediluvianos, entre los a帽os 3000 y 2000 antes de Cristo.
Los chinos eran gobernados por un emperador de caracter铆sticas sagradas, pues era considerado hijo del Cielo y sus poderes eran absolutos. Segu铆an en la escala de poder los mandarines, sobre quienes reposaba la autoridad del emperador; ellos dirig铆an administrativamente al imperio, encarg谩ndose de la imposici贸n de la justicia y el cobro de los impuestos.


Las primeras dinast铆as

El encargado de la primera dinast铆a, la de los Hia, fue Yu, en el 1989 a.C. A 茅l se le atribuyen el envi贸 de dos cient铆ficos para que midieran la circunferencia de la Tierra, la construcci贸n de caminos y t煤neles y el laboreo sobre los lechos de los r铆os para evitar las inundaciones que azotaban a su pueblo. En 430 a帽os los chinos tuvieron 17 emperadores Hia, todos preocupados por el bienestar de sus s煤bditos y por el mejoramiento de los cultivos; en su tiempo se desarroll贸 la cer谩mica de Ho-nan, y el pa铆s se extendi贸 hacia el occidente, fundando once poblaciones.
El 煤ltimo emperador de la dinast铆a Hia fue Kie, cuya crueldad hizo que uno de los m谩s honrados y pr贸speros ciudadanos, de nombre Chon-Tang, decidiera organizar la ca铆da del monarca y su ascensi贸n al trono. As铆, en el 1558 a.C. comienza el per铆odo de los Chang, o Yin, que gobernaron hasta el 1050, haciendo una fuerte oposici贸n al creciente feudalismo y levantando enormemente el nivel de vida de Ngan-Yang, la capital del Estado. Sin embargo, como en el caso anterior, la dinast铆a Yin decay贸 a causa de las torturas a que las gentes eran sometidas por parte de Cheu-Sing, aconsejado por la cruel T’a Chi. La situaci贸n lleg贸 a tal punto que, a partir de un grupo revolucionario comandado por Wu-Wang, el soberano fue depuesto por un golpe militar, abri茅ndose paso la extensa dinast铆a de los Cheu, que tuvo el comando del pa铆s por m谩s de ocho siglos, hasta el 221 antes de nuestra era. A la par que Grecia, crec铆a intelectual y culturalmente. Los emperadores Cheu se encargaban de manejar los destinos de China. Seis de ellos se preocuparon por estudiar e implementar nuevas formas de policultivo, como medida para solucionar el hambre que empezaba a aquejar a sus s煤bditos. Un hermano de Wu, Tan, se destac贸 por la organizaci贸n del Estado en feudos y subfeudos.
Pero lo m谩s importante para la civilizaci贸n china bajo la dinast铆a Cheu, a mediados de 茅sta, en los siglos VI y V a.C., es el nacimiento de los primeros historiadores, sabios y fil贸sofos que ense帽aron una forma de vida que a煤n domina la vida de este pa铆s de Oriente. El pensamiento chino alcanza en ese momento su m谩ximo esplendor, representado en m煤ltiples nombres como los de Lao-Ts茅 y Confucio. La capital del imperio durante la dinast铆a Cheu fue Lo-Yang, ubicada sobre el r铆o Amarillo. Luego del mandato de Yeu El Melanc贸lico y de P’ing El Pac铆fico, llega la etapa de los seis reinos belicosos en la que algunas ciudades luchan por la supremac铆a gubernamental. Al final de estos conflictos y como consecuencia de ellos, la casa Cheu deja a los Chin el poder imperial.


El pa铆s de la gran muralla

Los seis reinos fueron aplacados en el 221 a.C. por la fuerza del poderoso Tsin-Chi-Huang-Ti, quien empez贸 la construcci贸n de la Gran Muralla, que luego alcanzar铆a las enormes proporciones que a煤n conserva en los albores del siglo XXI, convirti茅ndose en la 煤nica obra realizada por el hombre que se puede observar desde la Luna.
Este emperador fund贸 la dinast铆a Tsin, o Chin, de la cual proviene el nombre de China; adem谩s, se puso en la tarea de unificar al pa铆s, dividido en centenares de peque帽as ciudades que pretend铆an adquirir independencia. Tambi茅n rechaz贸 a los hunos, en el norte, prolongando sus dominios hasta el sur de Mongolia. No obstante, este monarca no lleg贸 a alcanzar el favor de sus gobernados, por cuanto la edificaci贸n de la imponente Muralla cost贸 la vida a cerca de medio mill贸n de hombres. Y, por si fuera poco, se proclam贸 como el “Primer Emperador”, obligando a sus s煤bditos a quemar los libros que narraban la historia de la naci贸n, como una manera de avalar sus sue帽os de grandeza. Asimismo, la propiedad privada fue sustra铆da a sus due帽os e incorporada al patrimonio del emperador.
Con el primer representante de la dinast铆a Tsin, la China cambi贸 su capital a Hien-Yang y se elaboraron amplias v铆as de comunicaci贸n entre las ciudades, permitiendo el aumento del comercio y las posibilidades de trabajo. En el momento de su muerte, en el 210 a.C., los Chin no encontraron un buen sucesor para el creador de su casa imperial, y el personaje que ubicaron all铆 no supo conservar la majestuosidad din谩stica que el primero hab铆a pronosticado para 10 mil a帽os de vida.
Lieu-Pang inaugur贸 en el 202 la dinast铆a Hang, tratando de conservar buena parte de los dogmas de los Chin, entre ellos el de quemar los textos hist贸ricos; pero cuando en el 194 ascendi贸 al poder el segundo emperador de esta casa, los libros que hab铆an permanecido escondidos pudieron ver nuevamente la luz y algunos otros fueron reconstruidos totalmente por los magn铆ficos memoristas que los estudiaran antes de su desaparici贸n.
Los mandarines volvieron a ocupar sus antiguos cargos, pero pasando por duros ex谩menes para llegar a ellos, basados en los cinco cl谩sicos de Confucio. En los cuatro siglos que pasaron los Hang en el comando de China, el emperador Wu-Ti fue quien se destac贸 mayormente, sobre todo por su erudici贸n y conocimiento de las letras. Entre el 167 y el 113, Wu-Ti conquist贸 la parte central de Corea y alej贸 a los hunos de sus territorios en el 121 a.C.; adem谩s, distribuy贸 equitativamente la tierra y foment贸 sistemas de pr茅stamo y abastecimiento de insumos, todo apoyado en la sabidur铆a de sus consejeros.
Hasta el 24 d.C., los hunos siguieron acosando peligrosamente la estabilidad del imperio chino, haciendo que sus monarcas descuidaran el impulso cultural y social para dedicarse a salvaguardar la unidad del pa铆s. En el 25, el emperador Kuang-Wu-ti revitaliz贸 al imperio Hang vali茅ndose de su rama oriental. Poco despu茅s de la muerte de C茅sar, China era quiz谩s algo m谩s extensa que Roma, y su unidad era mucho mayor que la de los occidentales. Hacia el 65, el budismo da los primeros pasos para convertirse en una de las tres religiones chinas, al lado del tao铆smo y del confucianismo.
Con el final de los Hang a causa del levantamiento campesino de los gorros rojos, la naci贸n se divide en tres partes, agrupadas en torno a las ciudades de Nankin, Lo-Yang y Ch’eng-Tu. Mientras unos d茅biles Tsin occidentales se hacen cargo del imperio, los hunos, los manch煤es, los tibetanos y los mongoles se apropian de 茅l. En tres siglos se dieron siete dinast铆as, entre ellas la Liang y la Suei, pero ninguna con las capacidades de liderazgo necesarias para expulsar a los agresores y recuperar el poder sobre toda China.
Los Tsin orientales se mantuvieron hasta el 420, pero s贸lo porque escaparon a los hunos y se instalaron en una alejada regi贸n con capital en Nankin. Sin embargo, pese a que la dominaci贸n de todo Oriente estaba en manos de los unificados b谩rbaros, los chinos eran los consejeros y en algunos casos los administradores de sus viejas ciudades.


La religiosidad china

Las tres corrientes m谩s importantes de la religiosidad china surgen m谩s o menos en una misma 茅poca, entre los siglos VI y V antes de nuestra era. El fundador del tao铆smo fue Lao-Ts茅, nacido en el 604 a.C. Durante toda su vida se desempe帽贸 como funcionario de la corte Cheu y, cuando esta dinast铆a lleg贸 a su fin, Lao emigr贸 hacia el T铆bet. Cuando estaba a punto de traspasar la frontera de su pa铆s, un aduanero le rog贸 que le ense帽ara la verdad sobre la vida. Lao-Ts茅 escribi贸 durante varios d铆as, y no se levant贸 hasta terminar los 81 cap铆tulos del Tao-Te-King, que dej贸 en manos del aduanero.
El Tao ense帽a la disciplina de la dulzura, la humildad y la piedad, todo ello en busca de que el ser humano retorne a su estado primitivo, con la capacidad de dar sin esperar recompensa a cambio. En la sentencia n煤mero 11 de su tratado explica “Treinta radios se juntan en el eje,/ Pero el vac铆o que hay entre ellos dise帽a la forma de la rueda./ Se fabrican la ollas con arcilla,/ pero el vac铆o que la arcilla rodea constituye el ser de la olla./ La casa est谩 formada por muros, ventanas y puertas,/ pero el vac铆o que hay entre ellas constituye el ser de la casa./ Conclusi贸n el material es 煤til, pero es lo inmaterial lo que engendra al ser verdadero”.
En suma, el tao铆smo trata de inculcar en el ser humano la necesidad de abandonar lo mundano, preocup谩ndose m谩s por la obra que por la consecuencia. Para ello, debe emplear la meditaci贸n trascendental y la m铆stica, es decir, sacrificar los placeres terrenales para acceder m谩s r谩pido a los del esp铆ritu. El confucianismo, por su parte, se origina en la acci贸n de un joven nacido en el 551 a.C. y de nombre Kong-Fu-Ts茅 (que ha pasado a ser el occidentalizado Confucio). Desde muy corta edad, trat贸 de infundir en sus conciudadanos una nueva doctrina religiosa que persegu铆a la pureza de las costumbres y el conocimiento de la historia como ense帽anza b谩sica para un mejor vivir.
Confucio pas贸 toda su vida desmintiendo su calidad de profeta y asumiendo el papel m谩s propio de un maestro de la moral y las buenas costumbres. Aunque el confucianismo no rechaza la existencia de divinidades, se centra en la organizaci贸n del mundo para beneficio de la familia y la sociedad en general; pero todo esto sin atender los requerimientos de los individuos en particular sino siguiendo las consignas de los ancestros y los muertos. Las consignas de la filosof铆a confucianista son fidelidad, altruismo, humanidad, ecuanimidad, respeto por los ritos, inteligencia y ser un buen hijo. A su creador se le atribuye la redacci贸n del libro de los anales del pasado, o Chu-King; el de los ritos, Li-Ki; el de las cuestiones morales, Ta-Hsueh; y el Yi-King, que explica el dualismo Yang-Yin o del equilibrio. Por 煤ltimo, el budismo se desarrolla al sur de los Himalaya, en la India, por la misma 茅poca en que lo hicieron las dos doctrinas anteriormente rese帽adas.
Lleg贸 a China por la cuenca del Tarim, en el a帽o 65 a.C. Su expansi贸n por el imperio se debi贸 al acoplamiento de sus teor铆as con las necesidades espirituales del pueblo de China. Pasado el tiempo, el budismo chino se separ贸 radicalmente del hind煤 pero, hasta cuando eso sucedi贸, sus ense帽anzas marcaron enormemente las expresiones culturales y la concepci贸n del mundo que ten铆an los habitantes de esa naci贸n.

Roma

Literatura

El desarrollo de las letras griegas se inicia con Homero, en los tiempos arcaicos, cuando la poes铆a 茅pica alcanz贸 su m谩s alto nivel. No obstante que se ha podido conocer la existencia de algunos poetas antes de Homero, como son los casos de Orfeo, Museo y Lino, entre otros, sus obras no han llagado a nuestro tiempo. La 茅pica hom茅rica se desarrolla a trav茅s de La Il铆ada y La Odisea, en cuyas p谩ginas se narran los triunfos e infortunios de los guerreros griegos de la Antig眉edad.
En la primera, la trama gira en torno a la conquista de Ili贸n —Troya— por parte de la confederaci贸n griega a cargo de Agamen贸n; todo debido al rapto de la esposa del rey de Esparta, Helena, a manos de Paris, hijo del rey de Troya. En este libro se relatan, adem谩s, las grandes haza帽as de h茅roes como Diomedes, 脕yax, Menelao, N茅stor, Telamonio y Ulises.
Precisamente este 煤ltimo es el protagonista de La Odisea, que comienza cuando el prudente Ulises retorna con sus tropas a la isla de Itaca, de la que era rey, pero en este camino es atacado por la c贸lera de Neptuno, perdiendo la totalidad de sus barcos. Entre tanto en Itaca, Pen茅lope, la esposa de Ulises, es asediada por un sinn煤mero de pretendientes que buscan apropiarse de los tesoros de aqu茅l; cuando Ulises regresa a su casa, pobre y sin ser reconocido, mata a los usurpadores y recibe nuevamente el amor de Pen茅lope.
Hes铆odo tambi茅n hace parte de los escritores 茅picos. Vivi贸 en el siglo VIII antes de nuestra era y, no obstante que se considera el autor de varios poemas, los 煤nicos que se le pueden adjudicar con seguridad son la Teogon铆a (genealog铆a de los dioses) y Los trabajos y los d铆as, en el que se dan consejos sobre las labores del campo y la navegaci贸n y algunos preceptos religiosos.
En el siglo VI a.C. surgi贸 la poes铆a l铆rica, que en la mayor铆a de los casos era cantada y se acompa帽aba de alg煤n instrumento musical —casi siempre la lira o la c铆tara, aunque tambi茅n se emple贸 la flauta. Quienes escrib铆an estos poemas eran compositores, y las letras que creaban se adaptaban a la m煤sica. Era bastante recordado por los griegos el nombre de Terpandro por sus solemnes cantos lit煤rgicos o nomos pero ninguno de ellos es conocido en la actualidad. Los m谩s destacados l铆ricos fueron Anacreonte (565 a 478 a.C.), que cantaba a los placeres de la vida, a la existencia c贸moda, a los vinos, a la danza y a las flores; Safo (siglo VI a.C.), inspirada cantora del amor, la delicadeza y la pasi贸n; y P铆ndaro (508 a 428 a.C.), el m谩s grande valor de la l铆rica en Grecia, reconocido en toda la H茅lade.


La leyenda del origen de Roma

Aun cuando algunos romanos se cre铆an descendientes de Eneas, un pr铆ncipe troyano, quien habr铆a dejado su ciudad en llamas para llegar a Italia y, al lado de los latinos, edificar a Roma, la mayor铆a de ellos atend铆a m谩s a la famosa historia de los dos hu茅rfanos R贸mulo y Remo.
Seg煤n ella, una de las sacerdotisas del templo de Vesta hab铆a sido premiada por el dios Marte concedi茅ndole el don de su amor para procrear un par de gemelos llamados R贸mulo y Remo. El rey de la naci贸n los aborrec铆a, y por ello los tir贸 a las crecidas aguas del T铆ber, de cuya furia fueron salvados por una loba que los amamant贸 hasta cuando un pastor los hall贸, los acogi贸 como hijos y se hizo cargo de ellos. A帽os m谩s tarde R贸mulo fund贸 Roma.
Tambi茅n recordaban los romanos la leyenda de Horacio Cocles, quien se habr铆a enfrentado solo a los etruscos para defender la libertad ya conseguida por su pueblo. Se cuenta que Horacio orden贸 a sus compatriotas que derrumbaran el puente que 茅l custodiaba, para evitar as铆 el paso de los opresores; y, luego de dar muerte a varios de ellos, se lanz贸 al T铆ber logrando alcanzar la orilla, en la que lo esperaban sus amigos para agasajarlo.


La conquista de Italia

En un principio todos los pueblos latinos se agruparon para vencer a los etruscos, alcanzando su meta en el a帽o 396 a.C., cuando Veii se rindi贸 luego de un prolongado sitio. Sin embargo, esa victoria no fue la panacea para la ansiada paz de los romanos; en el 387, los galos asolaron a la liga latina y saquearon y quemaron a Roma, con excepci贸n de la fortaleza edificada en la colina del Capitolio, donde se hab铆an refugiado los habitantes de la ciudad, los mismos que, para salvarse, compraron su vida con media tonelada de oro.
Al ver que su deficiente defensa se basaba en una escasa protecci贸n de su centro urbano, los romanos se apresuraron a levantar poderosos muros para rodearlo. Algunas aldeas y tribus cercanas vieron en ellos a unos protectores, y por ello les solicitaron que los acogieran como hermanos y les dieran su respaldo. No obstante, otras ciudades asumieron como peligrosa la supremac铆a que el peque帽o emporio estaba adquiriendo, y determinaron asociarse para enfrentarla pero Roma las derrot贸 definitivamente en el 338 antes de nuestra era, emprendiendo desde ese momento la conquista de toda Italia, ya en calidad de capital del Lacio.
Aunque el inter茅s de Roma no era dominar vastos territorios, en ese momento la realidad era invadir o ser invadida. Los clanes semitas del sur de la pen铆nsula se lanzaron contra los romanos y los doblegaron en muchas ocasiones; pero finalmente fueron abatidos cuando se aliaron a los galos, a los umbrios y a los 煤ltimos reductos etruscos en la batalla de Talento, en el 272 a.C., con la que Roma logr贸 consolidar su supremac铆a.


Las guerras p煤nicas

Al verse due帽os de Italia, los romanos se dieron cuenta del poder que era posible acumular. En la conquista del Mediterr谩neo, su primer enemigo fue Cartago, a cuyos habitantes los romanos llamaron punos, por lo que las contiendas entre ambas naciones se conocen como Guerras P煤-nicas. El origen del conflicto se dio en un peque帽o altercado entre dos grupos de sicilianos en su isla y al que acudieron las tropas de los dos bandos, terminando por enfrentarse.
Como los cartagineses contaban con una especializada flota mar铆tima, los romanos retornaron a su patria con el fin de construir un n煤mero de barcos suficientes para dar pelea. En sus naves, hab铆an adaptado grandes plataformas con garfios en los extremos, para extenderlas hacia las naos de sus enemigos, buscando la batalla cuerpo a cuerpo. As铆 las cosas, las tropas de Cartago fueron abatidas y as铆 los punos tuvieron que regresar a su ciudad para rearmarse, pero los romanos los persiguieron y derrotaron, al punto de tocar las puertas de la fortaleza de los vencidos.
El comandante de los romanos, Marco Atilio R茅gulo, no cont贸 con que la mayor parte del ej茅rcito de sus contrincantes se encontraba aplacando una revoluci贸n al sur de su naci贸n, y poniendo extremas condiciones de rendici贸n a los cartagineses los oblig贸 a luchar. A punto de comenzar la ri帽a el griego Xantipio, a la cabeza de los sitiados, dio buena cuenta de los romanos dando muerte a mas de 20 mil, al tiempo que capturaba a otros cinco mil, entre los que se encontraba R茅gulo.
Luego de permanecer cinco a帽os en calidad de prisionero, R茅gulo fue enviado a Roma para que convenciera a su pueblo de la paz, con la firme promesa de regresar a Cartago si no consegu铆a su misi贸n. En su ciudad natal, el abatido general habl贸 ante el Senado y pidi贸 que se atacase con la mayor furia posible a sus engastuladores; posteriormente se dispuso a cumplir su palabra, aunque sab铆a que esa decisi贸n le representar铆a la muerte.
Los romanos reunieron todo cuanto ten铆an y fabricaron m谩s de 200 barcos, y con ellos cayeron sobre los cartagineses y los destrozaron sin piedad en el 241 a.C., poniendo fin a una guerra de 23 a帽os. Sicilia y Cerde帽a quedaron bajo su dominio, mientras los de Cartago empezaron la conquista de Espa帽a, a cargo de Am铆lcar. Por 20 a帽os se mantuvo la paz; pero cuando muri贸 Asdr煤bal, el sucesor de Am铆lcar, hijo del primero, An铆bal, tom贸 el mando entre los cartagineses e inici贸 la Segunda Guerra P煤nica, atacando a la ciudad espa帽ola de Sagunto, aliada de Roma, en el 219 antes de la era cristiana.
An铆bal tom贸 entonces una determinaci贸n que lo dejar铆a muy cerca de la victoria definitiva sobre los romanos. Para 茅l, la 煤nica forma de vencer a sus oponentes era llegando hasta su territorio, y por ello emprendi贸 una marcha suicida rumbo a Italia. Despu茅s de superar los Pirineos, los cartagineses llegaron hasta el pie de los Alpes, y sin esperar un minuto iniciaron el ascenso a las heladas cumbres. Tras nueve d铆as de camino, y m谩s de 10 mil perdidas humanas, An铆bal y sus hombres llegaron a Italia. En principio, los de Cartago ganaron a los romanos las batallas de Tesino y Trebia, haci茅ndose se帽ores del norte de la pen铆nsula. A partir de entonces, los invasores avanzaron hacia el sur, cruzando los pantanos del r铆o Arno, arrollando a los romanos en el lago Trasimero y logrando, en el 216 a.C., su m谩s grande victoria en la batalla de Cannas.
Los romanos cambiaron entonces su t谩ctica. Enviaron a Espa帽a a Publio Cornelio Escipi贸n, quien se apoder贸 de Cartagena y C谩diz y luego se dirigi贸 al 脕frica, amenazando la estabilidad de Cartago. An铆bal fue llamado en el 203 por quienes los hab铆an abandonado, y en el 202 se enfrent贸 a Escipi贸n en Zamma; el vencedor de Cannas intent贸 emplear el mismo truco que le hab铆a dado el triunfo all铆, rodeando a los romanos por todos los flancos, pero el h谩bil Escipi贸n —llamado despu茅s el Africano— sospech贸 sus planes y los contrarrest贸, dejando pr谩cticamente sin independencia a Cartago y conden谩ndola a pagar tributo a sus subyugadores durante 50 a帽os.
An铆bal sigui贸 reinando en su pa铆s pero a帽os despu茅s los romanos solicitaron su entrega, por lo cual tuvo que huir de corte en corte, siempre buscando que sus aliados se enfrentaran a los romanos. Finalmente, en el 183 a.C., se suicid贸 para no ser capturado. Pasado el tiempo, las tribus africanas se convirtieron en un serio peligro para los cartagineses, quienes tuvieron que conformar un ej茅rcito para defenderse, situaci贸n aprovechada por Roma para desatar la Tercera Guerra P煤nica que en el 146, luego de cuatro a帽os, logr贸 la completa ruina de Cartago.


Los due帽os del mundo

Al t茅rmino de la Segunda Guerra P煤nica, totalmente vencido An铆bal, los romanos se encontraron sin contrincante y tomaron la decisi贸n de buscar uno nuevo, como ha sido la costumbre de todos los imperios hasta la actualidad. Filipo V de Macedonia quiso ayudar a An铆bal en su escapatoria, y por ello puso a su pa铆s a merced de Roma, cuando en el 197 a.C., en Cinosc茅falos, y en el 168 en Pindea, los macedonios cayeron, dejando a Grecia en igual peligro.
El descendiente de Seleuco, Ant铆oco III, rey de Siria, se enfureci贸 al ver a Grecia a 贸rdenes de los romanos y se dispuso a liberarla, pero Escipi贸n fue nuevamente el encargado de provocar la huida de los contrincantes de su patria, al punto de hacerlos retroceder hasta el Asia, en donde los derrot贸 en la batalla de Magnesia, en el 190. En el 123 a.C., Roma se apropi贸 de las islas Baleares, y en el 122 de las llanuras del Po; en el 167, Egipto hab铆a aceptado la protecci贸n de los romanos para no sufrir el azote de sus armas. Roma era la due帽a de todo el Mediterr谩neo, el Mare Nostrum, como entonces lo llamaron. En principio, los romanos dieron libertad a las ciudades griegas; admiraban el arte y la cultura que las polis hab铆an desarrollado a trav茅s de los a帽os, y consideraban a sus pobladores como los mejores maestros. No obstante, los conflictos entre los griegos continuaban; y cuando 茅stos trataron de levantarse en contra del dominio romano, el Senado orden贸 la destrucci贸n de Corinto y la esclavizaci贸n de todos los poblados con excepci贸n de Atenas.


La rep煤blica

Los romanos tomaron la determinaci贸n de abolir de su gobierno la forma mon谩rquica, para lo cual, cada a帽o, los nobles eleg铆an a dos personas de confianza que adquir铆an la dignidad de c贸nsules para que dirigieran a la ciudad. Con este primer intento no se consiguieron los resultados esperados.
Ante esa situaci贸n, los plebeyos se opusieron a seguir luchando por Roma si no se les permit铆a participar en el gobierno, lo que llev贸 a la creaci贸n de la figura del tribuno (“vocero de los humildes”), quien se encarg贸 de proteger las actividades de sus representados (inicialmente esta representaci贸n era llevada por dos personas). M谩s adelante surgieron nuevos cargos en torno a la administraci贸n de la ciudad, como fue el caso de los cuestores, encargados del manejo del presupuesto; los pretores, que ejerc铆an como jueces; y los censores, que elaboraban una lista de ciudadanos con derecho a votar y vigilaban la conducta de 茅stos.
Como pilar fundamental de la organizaci贸n social estaba el Senado, cuyo nombre proviene de la palabra latina senex (anciano). Para los romanos, la sabidur铆a iba de la mano con la edad, y sin embargo s贸lo los nobles viejos pod铆an ser senadores. Tambi茅n contra esto se levant贸 el pueblo, que pudo conseguir, a partir de la comitia tributa (asamblea en la que cada voto val铆a lo mismo que los otros), que cualquiera de ellos pudiera acceder al Senado.
Esta corporaci贸n se conformaba de cerca de 300 hombres y era una muestra clara del orden y fervor institucional de los romanos; a ella accedieron representantes de lejanos lugares —incluso de tierras conquistadas—, los mismos que, de no participar activamente en las decisiones, por lo menos tra铆an sus problemas para que les fueran solucionados. Al finalizar la rep煤blica romana, los ciudadanos humildes hab铆an alcanzado el mismo poder que ten铆an los ricos en la administraci贸n del imperio.


Los dioses romanos

Desde el instante mismo en que la civilizaci贸n romana tuvo contacto con la griega, el mayor desarrollo cultural de la 煤ltima se impuso sobre el de la primera, pese a que la fuerza de las armas hac铆a lo contrario. Los dioses griegos fueron asumidos por Roma como si fueran propios y, no obstante que su culto nunca alcanz贸 all铆 la profundidad que hab铆a logrado en el de sus creadores (por lo cual los romanos sucumbieron f谩cilmente al influjo de otras religiones, como sucedi贸 con la cristiana), los latinos celebraban algunas fiestas en honor de las deidades. La representaci贸n romana del polite铆smo griego se da as铆

Grecia Roma
Zeus J煤piter
Ares Marte
Apolo Febo
Dionisos Baco
Hera Juno
Dem茅ter Ceres
Hermes Mercurio
Afrodita Venus
Hestia Vesta
Hefestos Vulcano
Artemisa Diana
Poseid贸n Neptuno
Nike Victoria
Hades Plut贸n
Atenea Minerva


La avaricia romana

Los romanos, que en los primeros d铆as de su imperio se preocupaban sobremanera por el acatamiento de las leyes, encontraron en las tierras conquistadas una forma de acumular riquezas. A ellas fueron enviados gobernadores y jueces para que se encargaran de cobrar los tributos; en cuyo trabajo los funcionarios acaparaban para s铆 todas las ganancias, mientras que los plebeyos pasaban en Roma por grandes penurias. Senadores, c贸nsules, tribunos, cuestores, pretores y censores se corrompieron a causa del dinero, generando la desaprobaci贸n del pueblo.
Cerca de 20 a帽os despu茅s que Roma alcanzara su m谩ximo nivel como imperio, una guerra se suscit贸 al interior de su territorio. Los hermanos Tiberio y Cayo Graco fueron muertos por defender la causa democr谩tica. Ante las guerras que se libraban en las fronteras, el Senado permanec铆a impasible, raz贸n por la cual el pueblo debi贸 comisionar a un labriego llamado Mario para que defendiera a la naci贸n. A su regreso, el victorioso Mario empez贸 a dictar leyes decididamente favorables a los pobres; los ricos entonces formaron un gran ej茅rcito y lo pusieron al mando de Sila, quien al vencer a Mario march贸 hacia Oriente.
Los plebeyos asesinaron a varios senadores y Mario fue c贸nsul por 煤ltima vez, ya que muri贸 mientras ejerc铆a su cargo. Tras cinco a帽os de su partida, Sila regres贸 y asumi贸 de inmediato poderes dictatoriales, poniendo ante los ojos de los romanos el presagio del fin de la rep煤blica. Sila fue sucedido por su yerno Pompeyo a petici贸n del pueblo.


El gran triunvirato y el poder de C茅sar

Pompeyo parti贸 a Oriente para aplacar los 谩nimos de algunos pueblos alzados contra el imperio, momento que fue aprovechado por Julio C茅sar, nacido en el 102 a.C., para presentarse como candidato al consulado, pero la muerte de su benefactor, el desleal Catilina, lo dej贸 con 铆nfimas posibilidades de alcanzar su objetivo. Sin embargo, en el a帽o 62 Pompeyo volvi贸 a Roma y se present贸 ante el Senado, solicitando tierras para sus tropas y el acatamiento de los tratados de paz firmados con los pueblos de Oriente. C茅sar sac贸 ventaja para hacerse amigo del pacificador de Asia, y, en compa帽铆a del adinerado Craso, lo convenci贸 para que en un acto totalmente inconstitucional se dividieran a Roma, dando origen al Gran Triunvirato.
Los triunviros se repartieron el imperio de la siguiente forma Pompeyo tom贸 para s铆 las zonas de Espa帽a y 脕frica, Julio C茅sar se qued贸 con las Galias —la actual Francia—, y a Craso le toc贸 Siria. C茅sar pudo mostrar entonces su sabidur铆a en el arte de la guerra y se enfrent贸 con ferocidad a las tribus que ocupaban los territorios que hoy pertenecen a germanos, belgas y holandeses, venci茅ndolas a todas. En su obra Comentarios, cuenta a los romanos la manera como lleg贸 a la Gran Breta帽a y dobleg贸 a los habitantes de la isla, que eran a煤n salvajes y pintaban su cuerpo de extra帽os colores, en particular de azul. En tanto que C茅sar hac铆a las veces de conquistador, Craso muri贸, y, mientras Pompeyo, representante de la clase alta, pudo conservar su ej茅rcito, Julio C茅sar fue instado a dejar el suyo inmediatamente, so pena de recibir castigo por desobedecer las leyes del imperio.
El l铆mite entre Galia y Roma era el r铆o Rubic贸n, y su paso era la l铆nea prohibida a C茅sar. No obstante, en el 49 a.C., el general orden贸 el cruce de las aguas y la pronta llegada a Roma. Al paso de las tropas, muchos campesinos se le un铆an y la victoria en batalla era inevitable, pero C茅sar impidi贸 el derramamiento de sangre perdonando la vida de sus enemigos. En ese mismo a帽o los contingentes cesarinos se dirigieron a Espa帽a, donde hicieron rendir a los soldados leales a Pompeyo; luego avanzaron hacia Grecia, en el 48, arrasando a los comandados por el segundo triunviro con vida, el mismo que hubo de escapar hacia Egipto, donde poco despu茅s fue asesinado. C茅sar se dedic贸 entonces a aplacar a todos lo pueblos que se le opon铆an y pens贸 en imponer definitivamente la monarqu铆a, pero el Senado y el pueblo no pod铆an dejar de lado la participaci贸n gubernamental que ten铆an con la rep煤blica. Pocos meses despu茅s de estar a cargo de todo el imperio, en el a帽o 44 a.C., sin haberse nombrado a煤n rey pero con bastantes intenciones de hacerlo, Julio C茅sar fue asesinado por varios de sus m谩s allegados colaboradores. La oraci贸n f煤nebre que uno de los protegidos de C茅sar, Bruto, dijo ante la tumba de quien tanto lo hab铆a ayudado fue “C茅sar me adoraba y lo lloro. Era afortunado y por eso estoy alegre. Pero era ambicioso y por eso lo mat茅.


La divisi贸n del imperio

Quienes hab铆an dado muerte a C茅sar esperaban ver nuevamente establecida la rep煤blica, pero el Senado y todos los estamentos gubernamentales ya se hab铆an acostumbrado al mandato de un solo hombre. En ese momento Roma contaba con varios personajes capaces de asumir tal responsabilidad, entre ellos Marco Antonio, Octavio, L茅pido, Bruto y Casio, estos dos 煤ltimos a favor de la rep煤blica. El joven Octavio se dio cuenta de que la 煤nica forma de adquirir poder era a partir de las armas, y por ello se hizo comandante de varios ej茅rcitos, luego de lo cual recibi贸 el nombramiento de c贸nsul. Posteriormente, unido a L茅pido y a Marco Antonio, Octavio conform贸 el Segundo Triunvirato, cuyo fin primordial fue enfrentar a los republicanos.
En el a帽o 42 antes de nuestra era, las tropas de Bruto y Casio estaban acampando en la zona de Filipos, en Macedonia, cuando se vieron atacadas por los triunviros. En corto tiempo, la victoria favoreci贸 a los generales Octavio y Marco Antonio, posibilit谩ndoles el fraccionamiento del imperio en dos partes; mientras el primero se qued贸 con Roma y los territorios occidentales, el segundo pas贸 a gobernar en Oriente. Octavio empez贸 entonces a deshacerse de sus rivales en el poder. Primero lo hizo con L茅pido y un hijo de Pompeyo, y m谩s adelante vio en Marco a otro probable inconveniente. En el Oriente, Marco Antonio hab铆a conocido a Cleopatra, e instado por ella decidi贸 construir un gran imperio pero de caracter铆sticas griegas. La reina egipcia siempre supo sacarle partido a su hermosura. Con anterioridad, C茅sar le hab铆a servido y ahora Marco Antonio acud铆a presto a todos sus llamados.
En el 32 a.C., Octavio march贸 para enfrentar a los que intentaban robarle lo que 茅l cre铆a propio. Marco Antonio y Cleopatra unieron sus ej茅rcitos pero en la batalla mar铆tima de Accio la reina huy贸, seguida por su aliado romano; en sitio seguro, Cleopatra hizo creer a Marco Antonio que hab铆a muerto, y 茅ste se suicid贸. A la llegada de Octavio, las tretas y los coqueteos volvieron a presentarse, pero el futuro emperador no les brind贸 su atenci贸n. La reina egipcia, a sabiendas de que si se le conservaba viva ser铆a exhibida en Roma, se dej贸 morder por una serpiente cuyo veneno le ocasion贸 la muerte.


El primer emperador

A su llegada a Roma, Octavio quiso entregar al Senado el comando del ej茅rcito, pero el cuerpo legislativo lo confirm贸 como general de las tropas y le ajust贸 los t铆tulos de Emperador, Augusto —dignidad conferida exclusivamente a los dioses, hasta ese momento— y C茅sar, design谩ndolo como 煤nico gobernante de todo el imperio. Al comienzo de la 茅poca del primer Augusto, Roma vivi贸 sosegadamente y experiment贸 su per铆odo de mayor grandeza cultural. El emperador era un hombre de costumbres sencillas y como tal trat贸 de infundir en los ciudadanos sus mismas inquietudes.
Octavio se preocup贸 por restablecer algunos cargos administrativos de la rep煤blica que hab铆an sido desechados por los dictadores. Tambi茅n estuvo al tanto del adelanto de los trabajos en los templos, carreteras y edificios p煤blicos que orden贸 construir. Cada vez que terminaba su per铆odo, el Senado lo reeleg铆a sin que se escuchara protesta alguna del pueblo. Florecieron grandes escritores como Horacio, Ovidio y Virgilio, con su espectacular poema 茅pico La Eneida. En el a帽o 14 despu茅s de Cristo, cuando muri贸, Octavio fue honrado con la construcci贸n de un altar. Los b谩rbaros ya empezaban a mostrar su fuerza, la misma que acabar铆a con el imperio; y Jes煤s de Nazaret comenzaba a evolucionar en su mente las doctrinas que, posteriormente, pondr铆an fin al polite铆smo de griegos y romanos.


El cristianismo

A 30 a帽os de que Octavio fuera emperador, y mientras Jerusal茅n era gobernada por Herodes el Ascalonita, naci贸 en Bel茅n el esperado salvador, Jes煤s. La mayor铆a del pueblo jud铆o, pese a que era constantemente azotado por los impuestos y las iras de su mandatario, no acept贸 que el hijo de Jos茅 y Mar铆a fuera su Mes铆as.
Muchas conjeturas se han tejido sobre los primeros a帽os de la vida de Jes煤s, pero s贸lo a partir de los 30, cuando inici贸 la predicaci贸n de sus ense帽anzas, se puede hablar de 茅l. Recorriendo Judea, Samaria y Galilea en tres a帽os de ardua labor, reparti贸 paz entre quienes lo escuchaban, pero incre铆blemente cuando su fuerza se hac铆a m谩s grande comunic贸 a sus ap贸stoles que su tiempo estaba por concluir. Luego de la muerte de Jes煤s, los ap贸stoles comenzaron por predicar las doctrinas de su maestro en la regi贸n de Judea, estableciendo comunidades religiosas alrededor de templos en los que gobernaban los obispos. Posteriormente, la r谩pida multiplicaci贸n de los adeptos a las creencias de Cristo hizo posible el paso de los evangelizadores a otras zonas, como la de Antioqu铆a, en Siria, donde los leales a aquella fe empezaron a hacerse llamar cristianos.
La famosa “buena nueva”, es decir, el Evangelio, se propag贸 en pocos a帽os. En el 42 Pedro viaj贸 a Italia, y en el 54 se estableci贸 en Roma para comandar desde all铆 a todo el cristianismo. No obstante, fue Pablo, llamado originalmente Saulo, quien en su calidad de romano y sin haber conocido a Jes煤s pas贸 a ser el m谩s grande ap贸stol de la Antig眉edad; su labor se extendi贸 desde Damasco hasta Grecia, Espa帽a, la pen铆nsula Balc谩nica e incluso parte de Italia.
Cada uno de los nuevos convertidos al cristianismo se esforzaba por seguir de la mejor manera las normas de su religi贸n. Los ricos vend铆an sus pertenencias y los pobres ayudaban con lo poco que pose铆an a sus vecinos y enfermos. D铆a a d铆a la cantidad de adeptos a los mensajes de Cristo aumentaba, desatando una ola de persecuciones que comenzaron a verse de parte de los fariseos, aunque sin mayores consecuencias.
Roma, como hab铆a sido su costumbre, permit铆a que los pueblos sometidos por el imperio conservaran sus tradiciones y aun su religi贸n. Mientras que los viejos cultos heredados de los griegos fueron la adoraci贸n de los romanos, se permiti贸 a los cristianos fundar sus templos y comunidades, pero cuando los emperadores pasaron a ser alabados como deidades, con la oposici贸n de los seguidores de Jes煤s, cambi贸 totalmente la situaci贸n. En un comienzo todo se limitaba a las cr铆ticas y burlas en la persona de quienes dejaban dominar sus vidas por un dogma, despreciando los viejos cultos que no exig铆an m谩s que el sacrificio o las fiestas en honor de los dioses. Pero cuando los seguidores del cristianismo se incrementaron notablemente, el imperio romano vio en peligro el orden de sus instituciones.
Muchos emperadores, desde Ner贸n, pusieron en marcha planes de erradicaci贸n cristiana. Siguieron luego Domiciano, Trajano, Marco Antonio y Decio. Diocleciano fue el 煤ltimo Augusto que trat贸 de erradicar de Roma el cristianismo; m谩s adelante, Constantino se convirti贸 a la doctrina de Jes煤s, siendo el primer emperador romano en abrazar los dogmas de Jes煤s. Luego, Teodosio, a finales del siglo IV, cerr贸 los templos paganos y prohibi贸 definitivamente los sacrificios. En el siglo V, al arribo de los b谩rbaros, la Iglesia fue la 煤nica fuerza capaz de mantener cierto estado de evoluci贸n cultural, rescatando los valores positivos de las ruinas del imperio y d谩ndolos a conocer a los reci茅n llegados. De igual modo, fiscaliz贸 la actuaci贸n de los reyes y adquiri贸 poco a poco el inmenso poder que la llev贸 a ser parte fundamental del Estado en los gobiernos europeos.


Los grandes monumentos

El arco utilizado en las construcciones de los edificios de Roma parece haberse originado en Sumeria, de donde seguramente pas贸 a manos de los etruscos para terminar en poder de los romanos. Debieron de pasar muchos a帽os antes que al arco lograra la solidez y funcionalidad que finalmente consigui贸; en ese momento sus ventajas sobre la columnas y los travesa帽os saltaron a la vista. El arco soportaba m谩s peso que los pilotes, y su belleza no era en modo alguno inferior a la de ellos.
En un comienzo los romanos emplearon al ladrillo como material, pero la cercan铆a de las zonas volc谩nicas, y as铆 de la cal, los llev贸 a pensar en el concreto. As铆, en Roma se perfeccion贸 el empleo del cemento reforzado, y muchas de sus construcciones ostentan la fortaleza de ese elemento. No obstante, el esplendor de los monumentos en piedra de los griegos cambi贸 las concepciones de los latinos, y en el gobierno del primer Augusto las ciudades del imperio fueron cubiertas con l谩minas de m谩rmol, como un presagio del desarrollo arquitect贸nico que se avecinaba. Los romanos fueron especialistas en la construcci贸n de acueductos, tanto as铆 que algunos de los alcantarillados que levantaron podr铆an ser empleados en la actualidad; en el caso de la Cloaca M谩xima, un t煤nel de piedra que hace las veces de desaguadero del T铆ber, la estabilidad de su canal principal es tal que a煤n est谩 activo.
En cuanto a los templos y palacios, en su mayor铆a hab铆an sido copiados de los griegos pero la implementaci贸n de los niveles, que daban mayor altura a los edificios, y de otras caracter铆sticas de diversas culturas, hicieron que obras como el Pante贸n, el Coliseo, la Maison Carr茅 y los arcos de Constantino y de Tito se convirtieran en muestras inolvidables del maravilloso arte de la construcci贸n en el imperio romano.
De igual manera, la piedra se hizo el mejor aliado de la 铆ndole ostentosa de los emperadores, ya que todas sus haza帽as eran grabadas en ella como para dejar un imperecedero recuerdo estampado en la memoria de quienes las observar铆an siglos despu茅s. Es ese el caso de la columna esculpida en el Foro de Trajano, en la cual est谩n marcadas las c茅lebres batallas de este C茅sar.
Pese a que los templos, las esculturas, los dibujos y todas las manifestaciones art铆sticas de griegos y romanos parecen fundirse en una sola, la diferencia primordial reside en la b煤squeda que cada uno de estos pueblos reflejaba en sus trabajos. Mientras que los griegos persegu铆an la perfecci贸n, los romanos estaban m谩s atra铆dos por la grandeza y el abarcamiento de m谩s terreno, incluso a partir de su arte.


Los 煤ltimos julianos

El 煤nico var贸n de la familia de Octavio que permanec铆a vivo a la muerte de 茅ste fue Tiberio, su hijastro. El Senado lo eligi贸 emperador gracias al apoyo que ten铆a en el ej茅rcito, pero el pueblo estuvo siempre en contra de 茅l, no s贸lo porque no apoyaba los espect谩culos p煤blicos, como siempre lo hab铆an hecho los gobernantes, sino igualmente porque su actitud hacia los asuntos de la administraci贸n fue siempre despreocupada.
Tiberio, que sent铆a gran aversi贸n por el pueblo y hasta por el Senado, constituy贸 un grupo de esp铆as para que le informaran sobre las actividades de sus opositores, a quienes hac铆a matar. Cansado de los asesinatos, el Senado tuvo que intervenir severamente y Tiberio decidi贸 salir de Roma y dirigirse a la isla de Capri; en su lugar dej贸 a su secretario Sejano, pero m谩s tarde lo mand贸 asesinar por traidor. A su vez, la guardia del segundo emperador se volvi贸 contra 茅l, caus谩ndole la muerte.
El sobrino del C茅sar muerto, Cal铆gula, gobern贸 a Roma desde el 37 hasta el 41, pero su locura lo convirti贸 en uno de los peores mandatarios de la ciudad. Su caballo, Incitato, tuvo que ser adorado como dios, al tiempo que sus caballerizas eran rodeadas de jardines de oro y piedras preciosas. La guardia imperial, cansada de su demencia, lo ejecut贸 y puso al comando del imperio a su t铆o, Claudio, quien restableci贸 el orden y se encarg贸 de fijar leyes en favor de los esclavos.
Luego de 14 a帽os como emperador, del 41 al 54, Claudio fue envenenado por su esposa Agripina, madre de Ner贸n, quien asumi贸 el poder en calidad de heredero. En los primeros a帽os del mandato de Ner贸n, el fil贸sofo S茅neca fue su consejero, pero en el momento en que el C茅sar se dio cuenta del poder que estaba alcanzando el sabio, lo retir贸 del cargo y se encarg贸 茅l mismo de tomar las decisiones atinentes al gobierno.
La crueldad del Augusto se hizo manifiesta cuando imparti贸 las 贸rdenes de inmolar a su antiguo colaborador, S茅neca, al poeta Lucano, a su esposa Octavia y hasta a su propia madre, que le hab铆a puesto en el trono. Ner贸n adoraba el arte en todas sus expresiones y particularmente la m煤sica y la poes铆a. Constantemente visitaba las regiones griegas en las que se celebraban festivales y se hac铆a coronar como ganador. Cuenta la historia que, mientras Roma se consum铆a en las llamas de un incendio, que se le atribuye al C茅sar pero que parece haber sido accidental, el emperador declamaba ante sus amigos, en la terraza de su palacio, los versos de la quema de Troya elaborados por Virgilio. La destrucci贸n de Roma fue aprovechada por Ner贸n para castigar a los cristianos, cuya religi贸n empezaba a ser escuchada por las clases altas de la ciudad mientras que en el seno de los plebeyos su culto era cotidiano. Sin embargo, en su gobierno, que se extendi贸 desde el 54 hasta el 68, el 煤ltimo de los julianos otorg贸 la libertad a Grecia, apoy贸 la bondad con los esclavos y levant贸 a Roma de sus cenizas.


La 茅poca intermedia del imperio

A la muerte de Ner贸n, varios quisieron apoderarse del cargo de emperador, entre ellos Galba y Ot贸n, pero en el 69 un personaje salido del pueblo, Vespaciano, emergi贸 como el nuevo C茅sar, emprendiendo de inmediato una campa帽a para sanear las instituciones, fuertemente maltratadas durante el reinado de los julianos.
Vespaciano form贸 una clase de nobles entre quienes lo respaldaban, tratando de excluir del poder a la vieja y corrupta aristocracia; sin embargo, fue en su mandato cuando se efectu贸 la toma de Jerusal茅n, que culmin贸 con la muerte de millares de jud铆os. Este Augusto avanz贸 notablemente en la construcci贸n del Coliseo de Roma, con capacidad para 50 mil espectadores, y su hijo, Tito, culmin贸 la obra durante su corto gobierno, del 79 al 81. Domiciano, hermano de Tito, lo sucedi贸 en el trono; durante los 15 a帽os en que ejerci贸 como emperador, tuvo que afrontar los constantes ataques de los b谩rbaros en los l铆mites del imperio, al igual que Nerva, que fue Augusto entre los a帽os 96 y 98. El hijo adoptivo de Nerva, Trajano, gobern贸 desde el 98 hasta el 117. Sus ambiciones de conquistador lo hicieron partir con sus tropas en pos de los territorios de Dacia, Armenia, Arabia y Mesopotamia; pero cuando lleg贸 hasta el golfo P茅rsico, d谩ndose cuenta de lo lejos que estaba de sus lugares de abastecimiento, emprendi贸 el regreso, en cuyo transcurso muri贸. Su sucesor, Adriano, cambi贸 de plano los dogmas del ej茅rcito romano, modificando su n煤mero por la efectividad de sus guerreros y fortificando las defensas de los pa铆ses que, por su lejan铆a, eran poco accesibles a los grandes contingentes. Adem谩s, en el 135, expuls贸 de Jerusal茅n a los jud铆os, oblig谩ndolos a dispersarse por el resto del mundo sin un suelo propio en el cual vivir.
Antonino fue elegido como emperador en el 139 y su tarea b谩sica fue continuar las reformas de su antecesor, mejorando la calidad de vida en las ciudades y apoyando la cultura en todas sus formas. Marco Aurelio, del 161 al 180, lleg贸 al poder luego de casarse con la hija de Antonino, Faustina, y tuvo que sofocar des贸rdenes en las regiones que dominaba el imperio; este Augusto sobresali贸 por su piedad con los vencidos, poseedor de grandes calidades humanas y filos贸ficas; no obstante, fue 茅l quien decret贸 la cuarta persecuci贸n contra los cristianos pero no lo hizo por las creencias religiosas, como hasta entonces hab铆a sucedido, sino por su fuerte oposici贸n a los poderes del emperador.
El hijo de Marco Aurelio, C贸modo, fue asesinado 12 a帽os despu茅s de tomar el comando del gobierno, y por ello los soldados del Danubio pusieron como mandatario a Septimio Severo, quien reunific贸 el imperio a costa de la vida de numerosos j贸venes, causando escasez de mano de obra y de combatientes, y con ello el debilitamiento de Roma.


La ca铆da del imperio

Luego de la muerte de Septimio, en el 211, los emperadores romanos fueron militares, ya que ellos eran los 煤nicos capaces de pelear con fuerza por el trono. Uno de los m谩s destacados fue Aureliano, bajo cuyo mando Roma pudo resarcirse y recuperar al Oriente, as铆 como a Francia, Espa帽a e Inglaterra. Sin embargo, en el 275, tras cinco a帽os en el poder, un grupo contrario le dio muerte y se disput贸 la calidad del mandato absoluto durante una d茅cada, hasta que en el 285 Diocleciano se impuso a los dem谩s e instituy贸 la tetrarqu铆a, dividiendo al imperio en cuatro partes, dos gobernadas por emperadores, 茅l mismo y Maximiliano, y las restantes en manos de dos c茅sares, Galerio y Constancio Cloro.
Un par de medidas impuestas por Diocleciano hicieron que su reforma, inicialmente ben茅fica para la naci贸n, terminara por fracasar. La primera de ellas fue el aumento en los impuestos, como una manera de conseguir m谩s dinero para mantener el elevado n煤mero de combatientes que exist铆a; y la segunda, permitir que soldados de otras nacionalidades ingresaran al ej茅rcito romano, incluso algunos reductos b谩rbaros. Al principio sus ideas generaron prosperidad, pero el emperador quiso que todos sus s煤bditos lo amaran a partir del exceso de riqueza, y convirti贸 a Roma en una ciudad de estilo oriental, erigiendo duques y condes, por lo que el bienestar se vino abajo.
En el 306, Diocleciano abdic贸 y oblig贸 a Maximiliano a hacer lo mismo. Los dos c茅sares se dijeron augustos y nombraron dos c茅sares en su reemplazo. No obstante, la muerte de Constancio acab贸 con la tetrarqu铆a y ocasion贸 un estado de guerra interior en busca del trono. El hijo de Constancio, Constantino, se hizo 煤nico emperador en el 306 y en el 313 promulg贸 el Edicto de Mil谩n, con el cual terminaba la persecuci贸n sobre los cristianos, dando uno de los primeros pasos hacia su conversi贸n a la religi贸n de los ap贸stoles.
Constantino traslad贸 la capital del imperio a la antigua Bizancio, levantando una ciudad a la que dio el nombre de Constantinopla. Su cu帽ado, Licinio, lideraba algunas zonas del Oriente, pero Constantino lo venci贸 y unific贸 el pa铆s. En el 325 celebr贸 el Concilio de Nicea, que intentaba mellar las asperezas entre Arrio y Atanasio; al final, Atanasio sali贸 victoriosos y la iglesia cristiana explic贸 el misterio de la Trinidad y dio a conocer el s铆mbolo de la fe.
En el 337 muri贸 Constantino, quedando su enemigo Juliano, con quien se encontraba en guerra, como emperador. Tanto este como los c茅sares que le sucedieron vieron en sus dominios los signos inevitables de la decadencia.
A Partir del 375 estuvo en el poder un gobierno tripartito y compuesto por Teodosio, Valentiniano II y Graciano; muertos los dos 煤ltimos, Teodosio dio a Roma su 煤ltima 茅poca de unidad, ya que a su muerte reparti贸 los territorios del imperio entre sus dos hijos, Arcadio, a cargo del Oriente entre el 395 y el 408, y Honorio, due帽o de Occidente hasta el 423. A la muerte de Honorio, Valeriano tom贸 el control de Occidente, en su fase final de decadencia.
En el 455 es saqueada Roma por Genserico. El fin del imperio romano occidental llegar铆a en 476, cuando el rey de los h茅rulos, Odoacro, depuso a R贸mulo Augusto, el 煤ltimo emperador.

Grecia

Los cretenses

El nacimiento de la civilizaci贸n cretense se debe entender desde el momento en que empez贸 a desarrollarse como Estado, a partir del 2600 a.C., aproximadamente. Hace algo m谩s de un siglo se pensaba que la historia de Grecia se iniciaba a la par de los primeros Juegos Ol铆mpicos, en el 776 antes de nuestra era; no obstante, excavaciones posteriores identificaron como ciertas algunas de las narraciones de Homero en sus poemas 茅picos La Il铆ada y La Odisea, como por ejemplo la existencia de Troya, hasta entonces m谩s m铆tica que real.
En el a帽o 1900 d.C., el ingl茅s Arturo Evans intent贸 probar la veracidad de la leyenda de Teseo y el Minotauro, cuyas hip贸tesis se validaron con el hallazgo de las ruinas de un inmenso palacio, el de Cnosos, en la isla de Creta. En ellas, una gran cantidad de habitaciones puso en evidencia lo que hasta entonces se hab铆a conocido como el Laberinto o D茅dalo en el que Teseo estuvo perdido, logrando salir gracias al hilo dejado por Ariadna, la hija del rey Minos. Creta fue paso obligado de las embarcaciones que iban con direcci贸n a la Europa Occidental en busca de metales como el cobre. Su cultura se vio influida por muchas otras, como la de los fenicios, quienes les dejaron la escritura lineal, y la de los babilonios en cuanto a las bases arquitect贸nicas. Los cretenses vieron la cumbre de la civilizaci贸n minoica —cuyo 煤ltimo monarca fue Minos— entre 1750 y 1400 a.C., cuando sus h谩biles artesanos trabajaron pl谩cidamente y protegidos por la riqueza comercial de su emporio.


Micenas

Los primeros griegos continentales eran seguramente pastores que llegaron a su lugar de asentamiento hace unos 50 siglos. No eran un grupo compacto, y, al mezclarse con los mediterr谩neos que ya habitaban esas tierras, la heterogeneidad de su raza se multiplic贸. Pese a ello, la totalidad de los griegos hablaba un idioma similar, y los dioses de los unos guardaban bastante similitud con los de los otros.
En esa 茅poca no exist铆an lazos pol铆ticos entre los helenos, como ellos mismos se llamaban. El pa铆s estaba dividido en muchas fracciones, cada una con gobierno propio. Lo anterior se deb铆a, sobre todo, a los factores geogr谩ficos, a las profundas bah铆as que surcan su extensa costa y a la cantidad de islas que la rodean. De todos modos, cuando los aqueos (que al parecer ya eran griegos, pues hablaban y escrib铆an una lengua bastante similar a la de 茅stos) conquistaron el pa铆s, llegando incluso a Creta, en el 1600 a.C., cada uno de los jefes de las regiones se llam贸 a s铆 mismo rey. Pero en el momento en que decidieron marchar juntos a la batalla de Troya, uno de esos monarcas qued贸 por encima de los dem谩s, aunque fuese nominalmente.
Hay que tener en cuenta que los emperadores griegos de la 茅poca de Micenas no eran ostentosos por su trono sino que prefer铆an destacarse por sus capacidades para labrar y edificar, al tiempo que sus esposas colaboraban en los quehaceres dom茅sticos con los sirvientes.
Los mic茅nicos establecieron relaciones comerciales con la mayor铆a de pobladores de Asia Menor, empleando para ellos sus conocimientos mar铆timos; adem谩s, lograron llegar a un elevado nivel cultural, muestra de ello las obras en barro y metal que se han descubierto en varias perforaciones de los investigadores, as铆 como algunos de los palacios y monumentos que datan de su per铆odo.


Los dorios

Cuando los aqueos retornaron a Grecia luego de su periplo por Troya, esperanzados en formar un Estado poderoso a partir de las experiencias adquiridas, se encontraron con una mala noticia. Aproximadamente en el a帽o 1100 a.C., la invasi贸n de los dorios, quienes tambi茅n ven铆an del norte, hab铆a puesto fin a la civilizaci贸n mic茅nica. No obstante, los abatidos buscaron refugio en Asia Menor, donde pronto desarrollaron una cultura de caracteres tan elevados que la vieja Grecia tard贸 casi doscientos a帽os para ponerse a la par. Los conflictos en Grecia eran el pan de cada d铆a. Los dorios se fueron apoderando de todas las ciudades, algunas veces en forma pac铆fica; la 煤nica que no sucumbi贸 fue Atenas, tal vez por encontrase fuera del camino fundamental de acci贸n de los usurpadores y porque sus habitantes pelearon sin temor, teniendo al mar como escudo de sus espaldas.
A los dorios debe Grecia el establecimiento de las ciudades-Estado, que constaban de un n煤cleo urbano, la polis, alrededor del que se establec铆an las zonas de cultivo o pastoreo. Poco a poco estos centros evolucionaron gubernamentalmente, pasando primero por las monarqu铆as, a las que sigui贸 el mandato de la aristocracia, hasta llegar, en la mayor parte de ellos, a la democracia. Varios factores influyeron para que los griegos buscaran nuevos lugares de establecimiento entre los siglos VIII y VII a.C. Los m谩s importantes fueron el crecimiento demogr谩fico y la crisis econ贸mica del campesinado; a partir de ello los helenos se desplazaron hacia el oriente y el occidente, fundando colonias en diferentes lugares, las mismas que permanecieron siempre ligadas a las transformaciones eruditas de la metr贸poli pero con una amplia independencia de tipo administrativo.
La migraci贸n hacia el oriente, salvando la ya rese帽ada, se realiz贸 con rumbo a Crimea y al mar de Azov, alcanzando a poblar algunas riberas del Nilo. Los que fueron al occidente, a su vez, fundaron poblados en Sicilia, el sur de Italia y Espa帽a, y Francia. Todo lo anterior provoc贸 la difusi贸n de las artes y t茅cnicas implementadas por los helenos, sobre todo en la baja Europa.


Los cuatro n煤cleos y la unidad griega

Grecia se constituy贸 como la uni贸n de un grupo de ciudades-Estado independientes, ello debido a que el aislamiento geogr谩fico creaba serios problemas a la hora de defenderse de posibles ataques de pueblos vecinos. El tama帽o de las polis era menor, o por lo menos similar, al de cualquier municipio rural de la actualidad, y 煤nicamente en la isla de Creta exist铆an m谩s de cincuenta. Con el correr de los a帽os, algunos de estos distritos se fueron agrupando en torno a un poder central con seno en una ciudad. Los cuatro n煤cleos distritales m谩s importantes adoptaron los nombres de Esparta, Argos, 脕tica, cuya capital era Atenas, y Beocia, que como ciudad principal eligi贸 a Tebas. Pese a que de vez en cuando se presentaban peque帽os conflictos, dos agentes se encargaron de mantener unidos a los helenos la religi贸n y las olimpiadas.
Todos los griegos adoraban las mismas deidades, en cuyo honor se celebraban fiestas en varios momentos del a帽o. Apolo, Poseid贸n, Diana y Dionisos eran alabados mientras los habitantes de Esparta y 脕tica fraternizaban, al igual que los de Beocia y Argos. Los templos se manten铆an bellamente adornados todo el tiempo, para lo cual fueron creados los consejos religiosos denominados anfiction铆as, cuyos miembros eran escogidos entre los pobladores de todo el imperio. En su conformaci贸n, la anfiction铆a era algo similar a un congreso nacional actual, que trabajaba en pos de la paz, instituyendo normas en torno a la humanidad y el respeto mutuo en caso de guerra.
No obstante, lo que parece haber tenido mayor importancia en la uni贸n de los griegos es la com煤n afici贸n por los deportes de fuerza y agilidad, como la lucha libre, el lanzamiento de pesas —bala, disco y jabalina— y las carreras. Este tipo de competencias se efectuaba en todas las festividades religiosas, pero las m谩s espectaculares eran las realizadas en Olimpia, al occidente del Peloponeso. A partir del 776 a.C., los helenos dieron un car谩cter peri贸dico de cuatro a帽os a sus juegos, d谩ndoles por nombre el de olimpiadas, a las que concurr铆an j贸venes deportistas desde las ciudades de Epidauro, Delfos, Mileto, Corinto, Calcis, Egina y Eritrea, entre otras, que se preparaban durante el cuatrienio anterior al enfrentamiento deportivo, con el fin de obtener la victoria y, as铆, el afecto y admiraci贸n del pueblo y de la aristocracia (de all铆 proviene el hecho de que los griegos poseyeran los mejores cuerpos de la Antig眉edad). El premio conseguido por el ganador era una corona de olivo, considerada como el m谩s grande de los tesoros.


Las sacerdotisas de Delfos

La ciudad de Delfos estaba ubicada en la parte central de Grecia, y en ella ten铆a lugar la m谩s grande celebraci贸n religiosa de todo el imperio; en el templo de Apolo, dios del Sol, se encontraban las sacerdotisas, quienes supuestamente recib铆an recomendaciones de la deidad para comunicarlas luego al resto de helenos.
Las sacerdotisas eran conocidas como sibilas, y la ceremonia consist铆a en que ellas se sentaban en unas peque帽as sillas de tres patas, puestas en medio de alguna grieta de una gran piedra. Como de los agujeros sal铆an de vez en cuando jirones de viento, se pensaba que 茅stos eran el aliento de Apolo, que, al ser respirado por las sibilas, les confer铆a inigualables dotes de sabidur铆a. A tal punto lleg贸 el poder adivinatorio y premonitorio de las inteligentes mujeres del or谩culo de Delfos, que ning煤n rey se atrev铆a a emprender ninguna tarea sin antes consultarlas. No obstante, algunos de los consejos de las sibilas conten铆an dobles mensajes, por lo que algunos monarcas, al apresurase a cumplir los designios por ellas expresados, ca铆an en ser铆as dificultades.


Atenas

La mayor铆a de las polis de los helenos en el siglo VI a.C. basaban su econom铆a en la agricultura, por lo cual en gran n煤mero de ellas los grandes propietarios controlaban la pol铆tica. Fueron 茅stos los primeros arist贸cratas (palabra que proviene de los vocablos griegos aristos, el mejor, y kratein, gobernar o poder), es decir los mejores para gobernar, lo que en realidad se med铆a por la capacidad econ贸mica. Sin embargo, en Atenas las cosas fueron diferentes. All铆 predominaban los peque帽os agricultores, dependientes de un estrecho pedazo de tierra para subsistir; adem谩s, con la llegada del comercio en gran escala a la ciudad, quienes viv铆an de 茅l tambi茅n empezaron a pensar en la necesidad de participar en el gobierno.
M谩s adelante, a partir de las reformas de Cl铆stenes —510 a.C.—, con las cuales Atenas fue subdividida en distritos locales, se dio la posibilidad de que cualquier ciudadano pudiera llegar a formar parte de la administraci贸n p煤blica, sin preocuparse por las probables represalias de los arist贸cratas.


Esparta

Los espartanos eran descendientes directos de los dorios, y en su distrito la clase dirigente pertenec铆a a la milicia; el resto del pueblo estaba conformado por los periecas —campesinos libres— y por los ilotas —esclavos. Al contrario de los atenienses, ellos se rigieron hasta el final de la polis por un sistema mon谩rquico que compart铆a el gobierno con los ancianos, una asamblea popular y los cinco 茅foros. La primera preocupaci贸n de Esparta era el adiestramiento de los soldados, ya que, seg煤n se cuenta, todos ellos quer铆an parecerse a Licurgo, que pudo haber reinado en el 840 a.C. y de quien se contaban numerosas haza帽as y triunfos. El gran poder铆o que adquiri贸 esta ciudad hacia el siglo V de aquella era se debi贸 a lo anterior, as铆 como a que los espartanos eran seres muy disciplinados no se les permit铆a emborracharse, y para mostrar a los ni帽os lo desagradable de esa acci贸n embriagaban a los esclavos hasta que se tambaleaban y ca铆an, despu茅s de lo cual los dejaban en las posiciones m谩s rid铆culas.
Una interesante an茅cdota de la vida en Esparta es la del dinero que empleaban. Licurgo se hab铆a encargado de imponer el uso com煤n de pesadas monedas, para que sus s煤bditos no sintieran mayor deseo de poseerlas. Tal era el peso de los caudales, que un buey no pod铆a cargar m谩s de una peque帽a cantidad de ellos.
Seg煤n reza la leyenda, Licurgo hizo prometer a sus regidos que no lo desobedecer铆an hasta cuando regresara de un largo viaje que se propon铆a emprender. Obtenido el juramento, parti贸 y se dej贸 morir de hambre para no volver jam谩s. La noble acci贸n del rey report贸 enormes ganancias espirituales y sociales a los espartanos, aunque tambi茅n algo de introspecci贸n. La palabra lac贸nico viene de Laconia, regi贸n en la que habitaban.


Las guerras m茅dicas

El alto desarrollo cultural, c铆vico y art铆stico de Grecia se vio interrumpido a causa de la guerra; todo como consecuencia de los conflictos que afrontaban las colonias griegas en el Asia Menor. Los enfrentamientos entre griegos y persas son conocidos como Guerras M茅dicas, y vieron su nacimiento cuando Ciro atac贸 a los helenos de Jonia en el 546 a.C., consiguiendo su sometimiento.
Los griegos de Jonia, aliados con los atenienses y los eretrios, intentaron sobreponerse de su derrota pero no lo consiguieron. Dar铆o I, emperador de Persia, decidi贸 vengarse de los griegos por la ayuda que hab铆an dado a sus revoltosos s煤bditos. As铆, conform贸 un enorme ej茅rcito que dividi贸 en dos fuerzas, una terrestre y otra mar铆tima; infortunadamente para 茅l, sus barcos fueron echados a pique por una tempestad, pese a lo cual se apoder贸 de la mayor铆a de las islas del Egeo. Sin atender mayormente al infortunio por el que hab铆a pasado, Dar铆o I envi贸 dos emisarios a Atenas y a Esparta con el fin de solicitar la rendici贸n de las dos ciudades.
Ante la negativa rotunda de 茅stas, el rey persa regres贸 a su pa铆s y se arm贸 nuevamente, retornando para realizar su empe帽o en el 490 a.C. En esta oportunidad, Dar铆o I embarc贸 a todos sus combatientes, tratando as铆 de evitar el cansancio que acarrear铆a una marcha por tierra. Los veinte mil hombres que conformaban el ej茅rcito persa llegaron sin contratiempos a su destino, incendiaron a Eretria y acamparon en la llanura de Marat贸n, prestos a efectuar su ataque sobre Atenas. Los atenienses se apresuraron a comunicarse con las dem谩s ciudades del imperio, solicitando su ayuda, pero 煤nicamente Platea colabor贸 a la causa, aportando mil soldados. Los espartanos se negaron a participar en la lucha debido a que su religi贸n les prohib铆a batallar hasta cuando la luna cambiara de fase.
Al verse solos, los atenienses no pudieron m谩s que prepararse para enfrentar a los agresores, contando por fortuna con la valiosa participaci贸n del comandante de sus tropas, Milc铆ades, quien ubic贸 a los 12 mil hombres que lo acompa帽aban en las Cumbres de Marat贸n, a poca distancia del lugar donde descansaban los enemigos. Milc铆ades levant贸 el 谩nimo de los atenienses, y en el momento en el que los persas avanzaron sobre Atenas, con todos los arqueros en la parte frontal de sus huestes, el l铆der heleno orden贸 un ataque por los flancos. Los griegos embest铆an con furia a los invasores, uno de los cuales se encargaba de dos o tres persas; a cada paso que daba la columna central de las tropas de Dar铆o, se ve铆a envuelta por los enardecidos atenienses que no esperaban a ser incitados para caer con fuerza sobre los usurpadores. En poco tiempo, el campo de batalla qued贸 tapizado con los cad谩veres de seis mil persas, mientras que el resto de ellos hu铆a aceleradamente para abordar los barcos que los esperaban en la costa. El rey de Persia jur贸 desquitarse de los atenienses y pas贸 buena parte de los a帽os que le restaban de vida pensando la forma de crear un ej茅rcito invencible que le asegurara la victoria. Sin embargo, la muerte lo sorprendi贸 antes de conseguir su objetivo, y su hijo, Jerjes, fue el encargado de dirigir la empresa vengadora.


Tem铆stocles y Jerjes

Con el nacimiento de Tem铆stocles, la Grecia antigua asegur贸 su futuro esplendor; de no haber sido as铆, los persas habr铆an invadido a los helenos y seguramente nuestras actuales costumbres ser铆an muy diferentes de los que son. No obstante, este ser que en principio se mostr贸 como el gran l铆der pas贸 en el final de su vida a ser un traidor, empleando las mismas tretas con que hab铆a salvado a su pueblo para desestabilizarlo y conseguir la gracia de los contrarios.
El ni帽o que surgiera de uno de los m谩s humildes hogares de Atenas, en el a帽o 527 a.C., fue creciendo para convertirse, vali茅ndose de su inteligencia y sagacidad, en uno de los m谩s grandes hombres de la Grecia antigua. Tem铆stocles basaba su popularidad pol铆tica en la manera familiar con la que se dirig铆a al pueblo, llamando a cada ciudadano por su nombre y recordando los problemas que los aquejaban para dar su consejo. Aunque estas t谩cticas no eran bien vistas por la aristocracia ateniense, que ve铆a en 茅l a un vulgar plebeyo con 铆nfulas diplom谩ticas, los favores del pueblo eran lo m谩s importante para este personaje. Cuando muri贸 Milc铆ades, el h茅roe de Marat贸n, Tem铆stocles —quien tambi茅n hab铆a peleado en la c茅lebre batalla— fue, al lado de Aristides, llamado el Justo, uno de los dos m谩s famosos caudillos de Atenas. Pese a que el Justo era reconocido por su lentitud de pensamiento y de expresi贸n, sus calidades 茅ticas eran bien conocidas en la regi贸n; de Tem铆stocles, mientras tanto, se dec铆a que era capaz de hacer cualquier cosa con tal de alcanzar sus objetivos. Las diferencias entre los dos estadistas se daban en todos los campos, pero la principal concern铆a a la defensa de su ciudad contra las seguras represalias de los persas. Mientras Aristides opinaba que lo m谩s importante era el fortalecimiento de la tropa terrestre, Tem铆stocles fincaba su idea de crear un mayor poder铆o mar铆timo en la necesidad de afianzar el comercio.
Apoy谩ndose en las recomendaciones del or谩culo de Delfos, que hac铆an alusi贸n a murallas de madera, las cuales Tem铆stocles asoci贸 con los barcos, consigui贸 el aval de los atenienses para construir 180 naves. Al punto de ganar el terreno mencionado, se desplaz贸 a otras ciudades del imperio con la meta de obtener su apoy贸 para resguardar a Grecia, pero s贸lo unas pocas decidieron ayudarlo. En el 480 a.C., Tem铆stocles vio que la patria de los helenos estaba perdida y comenz贸 a buscar una soluci贸n desesperada. Mand贸 una misiva a Jerjes, rey de los persas, alert谩ndole sobre las disputas internas entre los griegos y sugiri茅ndole que avanzara ya en contra suya a trav茅s del Helesponto. Jerjes atendi贸 el llamado del supuesto traidor y, cargando con todo su ej茅rcito (calificado por algunos como el m谩s grande de toda la historia, tanto as铆 que se le atribuyen un mill贸n de combatientes), intent贸 franquear el desfiladero conocido como Paso de las Term贸pilas, con tan mala suerte que all铆 lo esperaba Le贸nidas, rey de Esparta, al comando de 300 hombres.
Los espartanos soportaron los embates persas durante tres d铆as, ocasion谩ndoles serias bajas, pero la traici贸n de un pastor, quien gui贸 a los s煤bditos de Jerjes por las monta帽as, enfrent贸 a los guerreros de Le贸nidas a los dos fuegos del enemigo, provocando su derrota. Los comandos de Persia no encontraron ning煤n impedimento para destrozar todo lo griego que encontraban a su paso. 脕tica fue asolada y junto con ella Atenas, abandonada por sus habitantes.
Pese a que por mar las cosas hab铆an ido mejor para los griegos, las noticias que les llegaban eran muy desalentadoras y algunos de sus barcos quer铆an dejar al puerto de Salamina para huir. Tem铆stocles jug贸 su 煤ltima carta, haciendo que uno de sus subalternos se pasara por desertor y comunicara al comandante de la flota persa la determinaci贸n de escape tomada por los griegos. Ante esta noticia, Jerjes apur贸 a sus nav铆os para que cerraran el paso a los helenos, sin contar con la escasa profundidad de las aguas en las que se encontraban.
La confusi贸n se apoder贸 de los persas, quienes ve铆an c贸mo sus naves se hund铆an chocando unas con otras o estrell谩ndose con los acantilados, mientras que los griegos atacaban sin descanso, provocando la muerte de millares de sus enemigos. En la c茅lebre batalla de Salamina, los escuadrones de Persia fueron derrotados; en su retirada, 煤nicamente dejaron a Mardonio en compa帽铆a de 50 mil hombres, encargados de provocar la 煤ltima batalla entre las dos naciones, contienda en que los helenos salieron nuevamente victoriosos.
Atenas ve铆a como un gran salvador a Tem铆stocles, pero en los a帽os que siguieron a la guerra la pedanter铆a de 茅ste se hizo insoportable y el alarde que hac铆a de sus riquezas hizo pensar a los atenienses que pod铆a haberlas logrado gracias a los servicios prestados a Jerjes, de los cuales el rey persa nunca sospech贸 traici贸n. Tem铆stocles parti贸 hacia Persia y all铆 gan贸 los favores de Jerjes, acumulando grandes riquezas hasta su muerte, en el 459 antes de la era cristiana. No obstante que Grecia hab铆a quedado en buena parte destruida, se pod铆a jactar de haber derrotado al m谩s poderoso de los ej茅rcitos de ese tiempo. Atenas resurgi贸 como el centro social y cultural de los helenos y se convirti贸 en la m谩s poderosa ciudad del Egeo, mientras Esparta dominaba la parte continental del imperio.
de la mitad del plazo pactado. En el 431 a.C., la mayor parte del imperio griego se uni贸 en contra de Atenas, cuya mayor capacidad econ贸mica y log铆stica pudo ser f谩cilmente superada por el n煤mero de combatientes de las dem谩s ciudades de Grecia. La segunda guerra del Peloponeso dej贸 mal situada a Atenas, Pericles hab铆a muerto a causa de la peste y no hab铆a alguien capaz de remplazarlo. No obstante, las ansias de poder del joven general Alcib铆ades pudieron m谩s que la sabidur铆a de sus detractores.
Atenas rompi贸 la nueva paz acordada iniciando la tercera guerra del Peloponeso, en la que, por la p茅rdida de su flota naval a manos del espartano Lisandro, tuvo que rendirse vencida por el hambre en el 404. Las murallas de la ciudad fueron derrumbadas, y sus barcos, tierras y posesiones pararon en las arcas de los vencedores.


Alejandro Magno

Tras unos pocos a帽os de cordialidad entre los helenos, fundamentada en la desaparici贸n de Atenas del panorama de la naci贸n, la guerra corintia revivi贸 los caldeados 谩nimos y propici贸 nuevas batallas sin sentido alguno. Luego fue Tebas la encargada de propiciar un nuevo conflicto con el que pudo ponerse a la cabeza del imperio, haciendo retroceder a los espartanos.
En las huestes tebanas se form贸 el genio militar de Filipo de Macedonia, quien al retornar a su patria dio comienzo a la gran acometida que lo llev贸 a unificar a toda Grecia, gracias a ganar en Queronea, en el 338. Luego de dos a帽os de gobierno, Filipo fue asesinado y su hijo Alejandro asumi贸 el trono del vasto pa铆s que su padre hab铆a conformado.
Alejandro hab铆a nacido en el 356 a.C. en la ciudad de Pella, en Macedonia, y a los 20 a帽os se hizo acreedor del reino de Filipo, as铆 como general del magn铆fico ej茅rcito que lo proteg铆a. A su vez, de su madre, la princesa albanesa Olimpias, el Magno hered贸 la fogosidad y la imaginaci贸n que lo caracterizaron. El joven monarca hab铆a sido educado nada menos que por Arist贸teles, quien se encarg贸 de inculcarle el amor por la cultura griega que, a帽os m谩s tarde, llevar铆a por Asia con el poder de sus tropas.
Poco importaban a Alejandro las grandes conquistas de su padre; quer铆a apoderarse de todo el mundo para no deberle nada a su progenitor. En el 334 antes de Cristo, derrot贸 a los persas en el r铆o Granico, luego sigui贸 hacia el sur y en el 333 se apoder贸 de Siria. Continuando su avance lleg贸 hasta Egipto, en donde el or谩culo lo proclam贸 dios, y poco despu茅s fund贸 Alejandr铆a en la desembocadura del Nilo.
Llegado el a帽o 331 de la era antecristiana, Alejandro arremeti贸 con fuerza sobre el centro del imperio persa, y Dar铆o III cay贸 apu帽alado por su propios guardias, tratando de evitar la captura de su rey por parte del Magno.
El recorrido continu贸 por Bactria, Sogdiana y Yaxartes, penetrando hasta el r铆o Hyfrasis en la India, donde sus soldados quisieron detenerse. No obstante, Alejandro muri贸 intempestivamente en el 323 a.C. en la entonces suya Babilonia, dejando el imperio que hab铆a creado sin nadie que pudiera llevar sus riendas. Tres de los generales del macedonio se dividieron entre s铆 sus posesiones. Ptolomeo se apropi贸 de la parte septentrional de 脕frica, autoproclam谩ndose sucesor de los antiguos faraones egipcios; Seleuco se tom贸 la tierra de los persas; y Ant铆gono pas贸 a gobernar en Grecia y en Macedonia. Ptolomeo fue quien mejor supo aprovechar.
Alejandr铆a, la capital de su reino, se convirti贸 en la sustituta de Atenas en cuanto al desarrollo de las artes y las letras. Grecia, por su parte, no dej贸 nunca de luchar contra los macedonios; los pueblos b谩rbaros llegaron desde el norte y los ind贸mitos griegos empezaron a emigrar hacia otros pa铆ses, donde esperaban encontrar esa paz que no hab铆an hallado nunca en el propio. En esa forma, el idioma griego se difundi贸 notablemente por toda Europa, y los legados que llevaban consigo los helenos se fueron pasando de boca en boca hasta convertirse en parte fundamental de la cultura imperante.


La filosof铆a y la religi贸n en Grecia

Los precursores de la filosof铆a en todo el mundo fueron los griegos, a quienes se deben los triunfos que esta disciplina ha dado al mundo. El primer fil贸sofo de Grecia, y as铆 del mundo, fue Tales, nacido en Mileto hacia el a帽o 620 a.C.; quien se destac贸 desde un principio por su sed de sabidur铆a, investigaba las estrellas y les ense帽aba a los marinos c贸mo guiarse a partir de ellas en la oscuridad del mar. Asimismo, Tales mostr贸 a los egipcios la manera de conocer la altura de sus pir谩mides, vali茅ndose de la sombra que proyectaban, y tambi茅n quien formul贸 inicialmente la famosa inquietud “¿de qu茅 est谩 hecha la tierra?”, cuyo valor radica en su ocurrencia.
Esa pregunta fue base para las cavilaciones de los antiguos fil贸sofos griegos. Mientras que Tales de Mileto pens贸 que la Tierra estaba hecha de agua, Anaximandro —nacido posiblemente en el 600 a.C.— afirm贸 que su principio generador era el aire, y Her谩clito opt贸 por decir que la materia formadora era el fuego. Sin embargo, fue Dem贸crito (460 a 375 a.C.) quien dijo en esa 茅poca que el planeta estaba constituido por 谩tomos.
Contempor谩neo de Dem贸crito fue S贸crates, quien no se preocup贸 demasiado por encontrar el componente del mundo sino que se dedic贸 a buscar la mejor forma de vivir. S贸crates bas贸, seguramente, algunos de sus estudios en el legado del famoso matem谩tico Pit谩goras —creador del teorema que lleva su nombre—, preocupado tambi茅n por entender la perdurabilidad del alma por encima de la materia y la relaci贸n entre la sabidur铆a y la buena conducta entre los hombres.
Plat贸n —que significa ancho en griego— (428 a 348 a.C.) fue el estudiante m谩s destacado de S贸crates. Su nombre real era Ar铆stocles, pero la amplitud de su espalda hizo que se le apodara con el mote que lo ha hecho c茅lebre. Cuando Plat贸n conoci贸 a S贸crates abandon贸 sus pasadas inquietudes de escritor y se dedic贸 al estudio de las leyes de la vida.
de toda Grecia. Plat贸n fund贸 entonces un escuela con el 煤nico fin de formar buenos gobernantes, y la llam贸 academia (por Academos, supuesto due帽o de los jardines que serv铆an de espacio para las reflexiones con sus alumnos).
En uno de sus m谩s importantes di谩logos escritos, La rep煤blica, el fil贸sofo hace el m谩s importante enfoque sobre un Estado perfecto que se ha elaborado hasta la actualidad. Adem谩s, Plat贸n desarroll贸 sus teor铆as a partir de lo que llam贸 la idea, d谩ndole a este concepto todas las acepciones valederas para hacerlo real. Disc铆pulo de Plat贸n fue Arist贸teles, quien vivi贸 entre el 384 y el 322 antes de Cristo. Arist贸teles fue uno de los m谩s asiduos visitantes de la academia, a la que asisti贸 por casi 15 a帽os; cuando Plat贸n muri贸, su m谩s ferviente estudiante no se hizo cargo de la escuela, pues difer铆a en varios puntos de vista de las opiniones de su maestro, a quien no obstante respet贸 incondicionalmente.
Arist贸teles se cas贸 con una princesa del Asia Menor, y as铆 pudo encargarse de una de sus m谩s notables aficiones, los animales. Escribi贸 el texto Historia de animales, primer tratado zool贸gico del mundo, y luego se dedic贸 a la educaci贸n del entonces peque帽o Alejandro de Macedonia.
Cuando Alejandro se hizo rey, Arist贸teles retorn贸 a Atenas y fund贸 el liceo, escuela que los habitantes de la ciudad calificaron de peripat茅tica por la costumbre de sus alumnos de pasear por las calles mientras recib铆an las doctrinas de su profesor. Este fil贸sofo se preocup贸 por una materia similar a la de sus dos predecesores en el pensar de la buena conducta, y por ello escribi贸 la 脡tica. Arist贸teles dijo que para ser feliz el ser humano necesitaba tres premisas la del alma, con pensamientos sanos y sinceros; la material, que ten铆a que ver con los bienes terrenales; y la del cuerpo, es decir la buena salud. Otro libro escrito por Arist贸teles fue Pol铆tica, en el cual alienta a un 贸ptimo aprovechamiento del tiempo libre y a mejorar las relaciones interpersonales; asimismo, este sabio estableci贸 los fundamentos de la l贸gica y dio los primeros pasos de la metaf铆sica.
Algunos otros pensadores griegos se empe帽aron en encontrar el objeto de la vida. Para los epic煤reos —seguidores de Epicuro—, por ejemplo, este fin era la felicidad; pero no la que se logra f谩cilmente sino la que requiere muchos sacrificios. Los estoicos, por su parte, opinaban que la vida gira en torno al deber cumplido, como lo ense帽aba Zen贸n, para quien la sabidur铆a, el valor, la templanza y la justicia son las cuatro virtudes b谩sicas del hombre.
En cuanto a la religi贸n los griegos, 茅stos dieron a sus dioses formas y caracter铆sticas humanas. Los vicios y las virtudes que encontraban en s铆 mismos pasaban a dar forma a la personalidad de sus deidades, de las cuales las m谩s importantes eran las comandadas por Zeus, que habitaban el Olimpo. Los dem谩s dioses estaban m谩s cercanos a ellos y eran Dionisos, Dem茅ter, Afrodita, Mestia, Atenea y Apolo.


La tragedia y la comedia

A pocos a帽os del siglo V a.C., la tragedia era una manifestaci贸n art铆stica ampliamente reconocida en Atenas. Su nacimiento se dio con motivo de las festividades religiosas efectuadas en honor al dios Dionisos —Baco—, en las que los cantos corales alcanzaron r谩pidamente un car谩cter popular y de espect谩culo que necesitaban para evolucionar.
Con la aparici贸n de los primitivos ditirambos, la trama se enriqueci贸 y complic贸, generando la representaci贸n dram谩tica de los mitos de Dionisos. Seg煤n parece, la palabra tragedia se deriva de tragos, que en griego significa macho cabr铆o, que era el disfraz empleado por los coristas. Las presentaciones se hac铆an en cercan铆as del templo de Baco, en la falda de la Acr贸polis.
los que forman el ciclo de Edipo, rey de Tebas —obras que, a pesar de mantener un hilo conductor, no constituyen una trilog铆a—, son ellos Edipo rey, Edipo en Colono y Ant铆gona. Eur铆pides, el 煤ltimo de los tres grandes tr谩gicos griegos, vivi贸 entre el 480 y el 406 a.C. Con 茅l, los miembros del coro pierden totalmente su importancia, al punto de que se puede prescindir de ellos. Diecisiete obras de Eur铆pides se conservan en la actualidad, y entre ellas las m谩s sobresalientes son H茅cuba, Helena, Hip贸lito coronado, Andr贸maca, Medea e Ifigenia en 脕ulide.
En cuanto a la comedia, podemos hablar de su origen rural, totalmente distinto del citadino de la tragedia. Al parecer, la primera de estas tramas fue esbozada por los dorios, pero de todos modos se generaliz贸 en toda Grecia, adquiriendo su estructura final en Atenas. Pese a la gran popularidad de este tipo de representaciones en toda la H茅lade y a que fueron escritas por millares, s贸lo algunas han sobrevivido al paso de los a帽os. Arist贸fanes (446 a 385 a.C.) es el principal de los c贸micos antiguos, en cuyas obras se ridiculizaba a los personajes p煤blicos de la 茅poca, llam谩ndolos por su verdadero nombre, a la vez que los actores empleaban como disfraz unas m谩scaras parecidas a la cara de sus personajes. Arist贸fanes era lo que hoy podr铆amos llamar un conservador, por lo que se opon铆a a los cambios de cualquier naturaleza. En Las nubes satiriza abiertamente a S贸crates y los sofistas, en Las ranas se va contra Eur铆pides, y en Los caballeros se burla de Cle贸n.
Despu茅s de la guerra del Peloponeso se prohibi贸 este tipo de comedias, y los autores tuvieron que burlarse de las calamidades comunes a todos los seres humanos, es decir, la avaricia, la envidia, los celos, etc., en lo que se llam贸 茅poca media. En los tiempos de Alejandro Magno surgi贸 la comedia nueva, que dio un renovado aire al arte de hacer re铆r, haciendo m谩s fino y pulido el lenguaje que empleaban los personajes de la obra.


Las bellas artes

En los or铆genes del arte griego sobresali贸 como una de sus mayores expresiones la pintura de jarrones. La pintura negra en las vasijas mic茅nicas fue evolucionando aceleradamente, siempre en busca de la perfecci贸n.
La m谩xima calidad de la escultura en Grecia se da en el siglo V a.C., en la etapa cl谩sica, posterior a la arcaica y predecesora de la poscl谩sica (siglo IV, centuria a la que se atribuye la concepci贸n de la Afrodita de Melos, o Venus de Milo).
Para los helenos hab铆a tres grandes nombres en el per铆odo que va del a帽o 500 al 400 Mir贸n, Policleto y Fidias (480 a 426 a.C.). No obstante, los trabajos de estos creadores no se han podido establecer en su totalidad. De Mir贸n se conoce la famosa copia hecha por los romanos de su Disc贸bolo, que representa a un atleta a punto de lanzar el disco; Policleto es recordado por el manejo de la proporci贸n del cuerpo, que plasm贸 notablemente en su Lancero, con el que dio respuesta a los griegos que se preguntaban cu谩les eran las proporciones perfectas que deb铆a tener el cuerpo humano. Fidias, por su parte, fue el principal encargado de los trabajos de la Acr贸polis, y pese a que se desconoce la parte de esta obra que fue tallada por 茅l, la calidad de todas las esculturas all铆 presentes dan fe de su sabidur铆a art铆stica. Todo el arte griego persegu铆a la belleza, vista como la exactitud de las medidas. Por ello, la arquitectura es una de sus m谩s elevadas manifestaciones. Los helenos crearon tres tipos diferentes de adornos para sus construcciones d贸rico, j贸nico y corintio. En el primer caso, las columnas o fustes son acanaladas, anchas en la base y angostas en la parte superior, y sobre ellas reposan un almohad贸n sencillo, llamado equino, y un bloque cuadrado, o 谩baco, sobre el que se posan los travesa帽os; la columna j贸nica se asienta sobre un pedestal redondo conocido como base, y el equino es tallado en sus extremos a manera de cuernos de carnero, estilo que se puede ver en el Erecte贸n; y, por 煤ltimo, en la arquitectura corintia, que fue m谩s empleada por los romanos que por los griegos, la base y el fuste se mantuvieron como en el orden j贸nico, pero el capitel adquiri贸 las caracter铆sticas del estilo de papiro, procedente de Egipto, acerc谩ndose m谩s en su parecido al acanto griego. Entre las m谩s destacadas construcciones griegas sobresalen el hip贸dromo, el estadio, el ode贸n y el teatro, pero ninguna de las dem谩s puede desconocerse por carecer de espectacularidad o gracia.